Durante siete años, el Rey Vampiro jamás la tocó… hasta que, una noche, finalmente suplica reclamar a su esposa.
Durante siete años, el Rey Vampiro jamás la tocó… hasta que, una noche, finalmente suplica reclamar a su esposa.

PARTE 1
Durante siete años dormí junto al ser más temido de Europa.
Durante siete años esperé que Benedict Skyler me tocara, me besara o al menos me mirara como un hombre mira a su esposa.
Nunca ocurrió.
Y llegué a convencerme de que mi propio marido sentía asco de mí.
Para el mundo humano, Benedict era un misterioso multimillonario británico dueño de enormes propiedades y empresas. Pero existía otro mundo oculto bajo las luces de Londres.
Allí, Benedict era un rey.
El soberano de los clanes vampíricos del norte.
Y yo, Cleo Hastings, era su esposa humana.
Nuestro matrimonio jamás había comenzado por amor.
Mi padre había destruido económicamente a nuestra familia y aparentemente robado dinero de las empresas Skyler. Para salvarlo de una sentencia de muerte, me entregaron a Benedict como parte de un acuerdo.
Yo apenas era una muchacha cuando llegué a su mansión.
Esperaba encontrar un monstruo.
Pero Benedict jamás me hizo daño.
De hecho, hizo algo mucho más extraño.
Nunca me tocó.
Compartíamos la misma enorme cama, pero él dormía en el extremo contrario.
Si accidentalmente mi mano rozaba su cuerpo durante la noche, se levantaba inmediatamente y desaparecía en su despacho.
Al principio sentí alivio.
Después comenzó a doler.
En público representábamos al matrimonio perfecto. Yo llevaba sus diamantes y aparecía tomada de su brazo.
Pero detrás de las puertas de nuestra habitación éramos dos desconocidos.
Vivien Carmichael, una poderosa vampira de su corte, disfrutaba recordándomelo.
—Siete años y ni siquiera ha probado tu sangre —me dijo—. No eres su reina, Cleo. Eres una humana que nadie quiere.
Sus palabras me destruyeron lentamente.
Comencé a preguntarme qué tenía de malo.
La respuesta pareció llegar una tarde en el invernadero.
Estaba cortando rosas negras cuando una espina atravesó mi dedo.
Una gota de sangre cayó.
Benedict apareció en la puerta.
Cuando vio mi herida, cambió.
Sus ojos se volvieron completamente negros.
Sus colmillos descendieron.
Y avanzó hacia mí.
Por primera vez vi al verdadero depredador escondido detrás del elegante multimillonario.
Extrañamente, no corrí.
Le ofrecí mi cuello.
Entonces Benedict cerró los ojos con desesperación.
—Vete.
—Benedict…
—¡VETE!
Golpeó una pared de cristal con tanta fuerza que la hizo añicos.
Escapé llorando.
Estaba convencida de que mi sangre le resultaba repugnante.
Poco después llegó mi cumpleaños número veinticinco.
Según las leyes vampíricas, si Benedict todavía no me había reclamado oficialmente al alcanzar esa edad, nuestro acuerdo matrimonial podía romperse.
Aquella noche hubo una enorme gala.
Decidí usar un vestido rojo que dejaba mi cuello completamente descubierto.
Si Benedict quería rechazarme, tendría que hacerlo mirándome a los ojos.
Pero antes de que pudiera confrontarlo, su hermano Dominic me acorraló en una terraza.
—Cuando termine el acuerdo —susurró—, Benedict te echará. Entonces yo podré reclamarte.
Su dedo recorrió mi cuello.
—Quizá debería descubrir por qué tu sangre es tan especial.
Una voz helada sonó detrás de nosotros.
—Quita la mano de mi esposa.
Benedict.
Sus ojos estaban negros.
En un instante agarró a Dominic por el cuello y lo levantó sobre el borde de la terraza.
—Vuelve a tocarla y te arrancaré la cabeza.
Después me llevó hasta nuestras habitaciones.
Siete años de dolor explotaron dentro de mí.
—¡Dímelo de una vez! —grité—. ¿Vas a abandonarme? ¿Vas a matarme? ¿Qué demonios quieres de mí?
Benedict cerró la puerta.
Sus manos temblaban.
Entonces ocurrió algo que jamás habría imaginado.
El vampiro ante quien se inclinaban ejércitos enteros…
cayó de rodillas frente a mí.
—Cleo… por favor.
—¿Por favor qué?
Levantó la mirada.
Había lágrimas en los ojos del monstruo más poderoso que conocía.
—Déjame probar tu sangre.
Mi corazón se detuvo.
Y entonces confesó:
—He pasado siete años muriéndome de hambre por ti.
PARTE 2
Retrocedí.
—¿Muriéndote de hambre? Tienes bancos de sangre por toda Europa.
—La sangre normal ya no puede alimentarme correctamente.
Benedict respiró con dificultad.
—Cuando firmamos nuestro matrimonio, mi naturaleza quedó vinculada a ti. Un soberano sólo puede obtener verdadera fuerza de su pareja elegida.
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
—Entonces ¿por qué nunca me mordiste?
Su rostro se quebró.
—Porque habría matado a los dos.
Me quedé inmóvil.
Benedict finalmente reveló la verdad que había ocultado durante siete años.
Mi padre no simplemente había robado dinero.
Había descubierto un secreto sobre nuestra familia.
Los Hastings poseíamos una extraña característica sanguínea conocida entre los antiguos vampiros como el Velo de la Sirena.
Nuestra sangre podía aumentar extraordinariamente el poder de un vampiro.
Eso nos convertía en mercancía.
Mi propio padre había intentado venderme a un clan extranjero.
—Entonces inventaste la deuda…
—Para sacarte legalmente de su poder.
Todo cambió dentro de mí.
—¿Me protegías?
—Desde el principio.
Había un problema.
Antes de cumplir veinticinco años, mi sangre era mortal para los vampiros.
Una sola mordida podía provocar que Benedict perdiera completamente el control y terminara matándonos a ambos.
Por eso nunca me había tocado.
Por eso abandonaba la cama cuando accidentalmente lo rozaba.
Por eso había destruido el invernadero cuando me corté.
—¿Sabes lo que fue dormir junto a ti cada noche? —susurró Benedict—. Escuchar tu corazón. Sentir tu sangre. Desearte sabiendo que acercarme demasiado podía matarte.
Las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas.
Toda aquella frialdad…
No había sido rechazo.
Había sido sacrificio.
Entonces miramos el reloj.
Mi cumpleaños había llegado.
El peligro había terminado.
Los ojos de Benedict volvieron a oscurecerse.
Pero esta vez no sentí miedo.
Me acerqué.
Aparté mi cabello.
Y expuse mi cuello.
—Reclámame.
Benedict permaneció inmóvil.
—Cleo, tienes que estar segura.
—Lo estoy.
Me abrazó.
Sus colmillos atravesaron mi piel.
Esperaba dolor.
En cambio, una extraña sensación caliente recorrió todo mi cuerpo.
Y entonces pude sentirlo.
Su hambre.
Su soledad.
Su miedo.
Y, sobre todo, siete años de amor reprimido.
Cuando Benedict finalmente se separó de mí, dos pequeñas marcas plateadas habían quedado sobre mi cuello.
—Mi reina —susurró.
Pero antes de que pudiera responder…
las puertas explotaron.
Una docena de vampiros armados irrumpieron en la habitación.
Vivien estaba al frente.
—Qué conmovedor —dijo mientras levantaba un arma—. Pero llegaste demasiado tarde, Benedict.
Todo había sido planeado.
Dominic únicamente había servido como distracción.
Vivien pretendía asesinar a Benedict y tomar el control de los clanes del norte.
—Durante siete años te has muerto de hambre por una humana —se burló—. Estás débil.
Benedict sonrió.
Fue una sonrisa aterradora.
—Ese es tu error.
Vivien todavía creía que estaba frente al vampiro debilitado de antes.
No sabía lo que acababa de ocurrir.
Mi sangre había restaurado todo su poder.
Y había despertado algo mucho más antiguo.
Benedict levantó una mano.
Una fuerza invisible atravesó la habitación.
Los vampiros atacantes salieron disparados contra las paredes.
Vivien perdió su arma.
Su expresión cambió de arrogancia a terror.
—Imposible…
—Amenazaste a mi esposa.
Benedict cerró lentamente el puño.
Vivien desapareció convertida en cenizas antes de poder reaccionar.
Los demás atacantes comenzaron a suplicar.
Yo permanecí inmóvil observando al hombre que había compartido mi cama durante siete años.
Finalmente comprendía quién era realmente.
Benedict se volvió hacia mí.
Toda aquella violencia desapareció de su rostro.
Se acercó y acarició suavemente las marcas plateadas de mi cuello.
—¿Estás bien?
Asentí.
—Tenemos un desastre que resolver —dijo.
Miré las puertas destruidas, los muebles rotos y los vampiros aterrorizados.
Después sonreí.
—Puede esperar.
Lo tomé de la camisa y lo besé.
Los siete años de silencio habían terminado.
Tiempo después, la verdad sobre mi padre salió a la luz y comprendí hasta dónde había llegado Benedict para protegerme. El matrimonio que comenzó como una transacción terminó convirtiéndose en una alianza que cambió la relación entre humanos y vampiros.
Pero nunca olvidé aquella primera noche en que finalmente comprendí la verdad.
Yo había pasado siete años creyendo que mi esposo no podía soportar tocarme.
La realidad era exactamente la contraria.
Benedict había pasado siete años deseándome tanto que tuvo que convertirse en hielo para evitar destruir a la única mujer que amaba.