Durante años creyó que estaba rota para siempre, pero un Alfa apareció y vio algo que nadie más pudo ver

Durante años creyó que estaba rota para siempre, pero un Alfa apareció y vio algo que nadie más pudo ver

PARTE 1

Durante tres años pensé que mi vida había terminado.

No porque hubiera dejado de respirar, sino porque dejé de sentir que pertenecía al mundo.

Nadie sabía cuánto esfuerzo me costaba salir de mi departamento. Nadie entendía por qué un simple ruido podía hacer que mi corazón se acelerara o por qué prefería estar sola antes que escuchar a alguien decirme que todo estaría bien.

Mi nombre es Sage Rivera.

Antes soñaba con ser maestra.

Me gustaba ayudar a los demás, leer durante horas y pasar tiempo con otros miembros de mi comunidad.

Pero después de lo que viví, esa versión de mí desapareció.

Las heridas visibles sanaron con el tiempo.

Las que estaban dentro de mí seguían abiertas.

Durante meses asistí a terapia con la doctora Chen. Ella intentaba convencerme de que yo no estaba destruida, que había sobrevivido a algo difícil y que todavía quedaba una parte de mí esperando volver.

Yo no le creía.

En mi mundo, ser una Omega sin poder especial significaba estar en desventaja.

Y después de perder mi conexión con mi propia loba interior, sentía que había perdido una parte de mí para siempre.

—No soy como antes —le dije una vez—. Ya no puedo volver a ser esa persona.

La doctora Chen me miró con paciencia.

—Tal vez no tienes que volver a ser la de antes. Tal vez puedes descubrir quién eres ahora.

Pero yo no quería descubrir nada.

Solo quería una vida tranquila.

Sin sorpresas.

Sin personas acercándose demasiado.

Sin volver a sentir miedo.

Por eso mi rutina era siempre igual.

Trabajaba desde casa, salía solamente cuando era necesario y evitaba cualquier situación donde hubiera demasiados lobos cerca.

Sus presencias me ponían nerviosa.

Sus aromas.

Sus voces.

La forma en que podían ocupar un espacio sin siquiera intentarlo.

Todo me recordaba cosas que prefería olvidar.

Hasta que una tarde ocurrió algo que cambió todo.

Iba caminando de regreso a mi departamento cuando sentí un aroma extraño.

Pino.

Cuero.

Algo fuerte, pero al mismo tiempo familiar.

Me detuve.

Hacía años que mi loba permanecía en silencio.

Pero en ese momento reaccionó.

Por primera vez en mucho tiempo, sentí que despertaba.

Levanté la mirada.

Y lo vi.

Un hombre estaba parado al otro lado de la calle.

Era un Alfa.

No uno cualquiera.

Su presencia era imposible de ignorar.

Tenía una mirada intensa, como si hubiera reconocido algo que yo misma no entendía.

Y entonces ocurrió algo que me llenó de miedo.

Mi instinto susurró una palabra que no quería escuchar.

Compañero.

No.

Eso no podía ser posible.

Yo no podía tener un vínculo así.

No después de todo lo que había pasado.

No después de haberme convencido durante años de que nadie podría quererme realmente.

El hombre dio un paso hacia mí.

Yo di uno hacia atrás.

—Espera —dijo con una voz tranquila.

Pero mi cuerpo solo entendía una cosa.

Huir.

Corrí.

No pensé.

No miré atrás.

Solo quería alejarme antes de que aquella conexión pudiera destruir la pequeña seguridad que había construido.

Escuché su voz detrás de mí.

No era una amenaza.

Era una petición.

Pero no me detuve.

Seguí avanzando hasta que una mano tomó suavemente mi brazo.

Me giré con miedo.

Él estaba ahí.

Pero había algo diferente.

No intentaba acercarse más.

No intentaba imponer su fuerza.

Simplemente levantó las manos y mantuvo distancia.

—No voy a hacerte daño —dijo.

Yo respiraba con dificultad.

—Déjame ir.

Él bajó la mirada por un instante.

Como si entendiera que mis palabras escondían algo más profundo.

—Está bien. Pero antes necesito decirte algo.

Lo miré sin querer escuchar.

Entonces pronunció las palabras que más miedo me daban.

—Eres mi compañera.

Sentí que todo mi mundo se detenía.

—Estás equivocado.

—No lo estoy.

—No puedo serlo.

Mi voz salió más fuerte de lo que esperaba.

—No soy alguien que puedas elegir. Estoy rota.

Esperaba rechazo.

Esperaba decepción.

Pero ocurrió algo que no estaba preparada para enfrentar.

Su expresión cambió.

No con lástima.

No con desprecio.

Con tristeza.

Como si le doliera escucharme hablar así de mí misma.

—¿Cuál es tu nombre? —preguntó.

No sé por qué respondí.

Tal vez porque, por primera vez en años, alguien me estaba mirando como una persona.

—Sage.

Él sonrió ligeramente.

—Sage… soy Thorne.

Y cuando escuché quién era realmente, entendí que mi vida acababa de complicarse mucho más.

Porque Thorne no era un Alfa cualquiera.

Era el líder de una de las manadas más poderosas de la región.

Y aun así, estaba parado frente a mí como si yo fuera alguien importante.

Antes de irme, sus últimas palabras quedaron grabadas en mi mente.

—Voy a encontrarte otra vez. No para obligarte a nada… solo para que me permitas conocerte.

Esa noche cerré la puerta de mi departamento y pensé que todo volvería a la normalidad.

Pero entonces miré hacia la ventana.

Y vi un mensaje en mi teléfono de un número desconocido.

Solo decía:

“Sage, sé que tienes miedo. Pero no voy a rendirme contigo.”

PARTE 2

Me quedé mirando la pantalla durante varios minutos.

Mi primera reacción fue bloquear el número.

Cambiar de teléfono.

Desaparecer.

Era lo que siempre hacía cuando algo se acercaba demasiado.

Pero esta vez había algo diferente.

Porque una parte de mí no quería escapar.

Mi loba, esa parte de mí que creía perdida, estaba despierta.

Y por primera vez en años, no estaba pidiendo huir.

Estaba pidiendo una oportunidad.

Aun así, el miedo era más fuerte.

Dos días después lo volví a ver.

Fue en una tienda pequeña donde solía comprar comida temprano para evitar a demasiadas personas.

Estaba en un pasillo cuando sentí nuevamente ese aroma.

Pino.

Cuero.

Tranquilidad.

Me giré.

Thorne estaba ahí.

Pero no se acercó.

No me persiguió.

Solo me miró.

—Hola, Sage.

Esperaba que intentara convencerme.

Pero no lo hizo.

Me preguntó si podía acercarse.

Esa simple pregunta me confundió.

Porque estaba acostumbrada a que otros decidieran por mí.

No a que alguien esperara mi permiso.

—¿Qué quieres? —pregunté.

—Conocerte.

No salvarme.

No cambiarme.

Conocerme.

Esa diferencia empezó a romper una pequeña parte del muro que había construido.

Acepté tomar un café con él.

Solo uno.

Nada más.

Pero ese café se convirtió en una conversación.

Luego en otra.

Y poco a poco descubrí algo que me parecía imposible.

Thorne no estaba enamorado de una versión perfecta de mí.

Porque esa versión no existía.

Él conocía mis miedos.

Mis silencios.

Mis momentos difíciles.

Y aun así seguía ahí.

Un día me llevó un pequeño regalo.

Era una figura de madera tallada con forma de loba.

—Es para recordarte algo —me dijo—. Tu loba sigue contigo. Aunque esté esperando, sigue siendo parte de ti.

No pude evitar llorar.

No porque estuviera triste.

Sino porque alguien había visto una parte de mí que yo misma había olvidado.

Pero sanar no ocurrió de un día para otro.

Hubo momentos difíciles.

Una vez un ruido fuerte en una cafetería me hizo regresar mentalmente a aquellos días que quería olvidar.

Me quedé paralizada.

Sentí que todo volvía.

Pero cuando pude reaccionar, vi a Thorne frente a mí.

No me tocaba.

No me presionaba.

Solo estaba ahí.

Recordándome que estaba segura.

Ese día entendí algo.

La persona correcta no siempre elimina tus heridas.

A veces simplemente se queda contigo mientras aprendes a vivir con ellas.

Con el tiempo conocí a más personas de su manada.

Al principio fue difícil.

Pensaba que todos me juzgarían.

Pero descubrí que no todos los Alfas eran iguales.

No todas las personas querían quitarme mi espacio.

Algunas querían cuidarlo.

Meses después, por primera vez en mucho tiempo, volví a pensar en el futuro.

Volví a leer.

Volví a enseñar a pequeños grupos.

Volví a reír.

Y un día entendí la verdad.

Thorne no me había encontrado porque yo fuera perfecta.

Me encontró porque, incluso después de todo, seguía siendo yo.

La Sage que pensaba que había perdido seguía ahí.

Solo estaba esperando sentirse segura para regresar.

Hoy, cuando recuerdo aquella tarde en la que intenté escapar de él, sonrío.

Porque creí que estaba huyendo de un Alfa.

Pero en realidad estaba huyendo de la posibilidad de volver a ser feliz.

Y a veces, la persona que llega para cambiar tu vida no aparece cuando estás completa.

Aparece cuando más necesitas recordar que todavía puedes reconstruirte.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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