Durante 19 años, los lobos cuidaron mi cabaña en secreto… hasta que una noche apareció uno gigantesco y descubrí por qué todos me estaban protegiendo

Durante 19 años, los lobos cuidaron mi cabaña en secreto… hasta que una noche apareció uno gigantesco y descubrí por qué todos me estaban protegiendo

PARTE 1 

La noche que un lobo gigantesco apareció frente a mi cabaña, descubrí algo que mi madre adoptiva me había ocultado durante diecinueve años.

No venía a buscar comida. Tampoco parecía querer hacerme daño.

Lo más extraño fue que todos los lobos del bosque se quedaron inmóviles cuando él llegó.

Y cuando puse mi mano sobre su cabeza, algo plateado brilló debajo de su pelaje.

Me llamo Aara y crecí en una pequeña cabaña escondida en el bosque de Pine Hollow.

Mi madre adoptiva, Myra, me había encontrado cuando era una bebé. Nunca supo decirme quiénes eran mis verdaderos padres.

Lo único que llevaba conmigo era un pequeño colgante de plata con forma de media luna.

Myra falleció cuando yo tenía dieciséis años. Desde entonces vivía sola, preparando remedios con plantas que vendía en una aldea cercana.

No tenía mucho, pero estaba acostumbrada a esa vida.

Lo único que nunca logré entender era el comportamiento de los lobos.

Cada noche escuchaba sus pasos alrededor de la cabaña. A veces dejaba comida cerca de la puerta y, cuando regresaba, había desaparecido.

Sin embargo, ninguno se acercaba demasiado.

Yo pensaba que simplemente se habían acostumbrado a mi presencia.

Hasta aquella noche.

Estaba acomodando unas hierbas junto a la chimenea cuando escuché tres golpes suaves en la puerta.

Me quedé quieta.

Nadie visitaba mi casa después del anochecer.

Tomé una lámpara y abrí con cuidado.

Frente a mí había un lobo negro tan enorme que su cabeza casi llegaba a mi pecho.

Tenía los ojos dorados y varias heridas en el costado.

Sentí miedo, por supuesto.

Pero el animal no mostró los dientes ni intentó acercarse.

Simplemente me observó.

Entonces noté que estaba temblando.

—Estás lastimado, ¿verdad? —murmuré.

El lobo bajó lentamente la cabeza.

No sé por qué lo hice, pero fui por agua, vendas y algunas plantas medicinales.

Me arrodillé a su lado y comencé a limpiarle las heridas.

Cuando mis dedos tocaron su cuello, una pequeña luz plateada apareció debajo de su piel.

Retiré la mano de inmediato.

El brillo desapareció.

Pensé que mis ojos me habían engañado.

El animal cerró los ojos y apoyó la cabeza sobre mis piernas.

Permanecimos así hasta que comenzó a amanecer.

Después se levantó y desapareció entre los árboles.

Creí que nunca volvería a verlo.

Me equivoqué.

A la mañana siguiente encontré un rastro que conducía hasta un lago escondido.

Allí estaba nuevamente.

Me acerqué para revisar sus heridas. El lobo abrió los ojos y permitió que lo atendiera.

No entendía por qué confiaba tanto en mí.

Tampoco sabía que, desde una colina, dos hombres vestidos con armaduras nos estaban observando.

Uno de ellos era el general Aldrich.

Y aquel lobo no era un animal cualquiera.

Era Ronan Ashgrave, el rey de los lobos.

Su transformación llevaba años siendo imposible de controlar. Durante cada luna llena, su bestia se volvía más poderosa y él perdía poco a poco el dominio sobre sí mismo.

Pero, por alguna razón, conmigo permanecía tranquilo.

Días después, un hombre vestido con una capa oscura llegó a mi cabaña.

Tenía el cabello negro, una cicatriz sobre la ceja y unos ojos rojizos que me resultaron extrañamente familiares.

Dijo llamarse Ronan.

Me explicó que había llegado siguiendo el rastro del lobo herido.

Lo invité a tomar algo caliente.

Platicamos durante horas.

Regresó al día siguiente. Y al otro.

Poco a poco, me acostumbré a su compañía.

Hasta que una tarde llegaron decenas de soldados y se arrodillaron frente a él.

Fue entonces cuando descubrí que el hombre que visitaba mi cabaña era el rey.

Ronan me pidió que lo acompañara al castillo de Ashgrave.

Acepté porque quería comprender la extraña conexión que sentía con él.

Pero desde el momento en que crucé las puertas del palacio supe que no todos estaban contentos con mi llegada.

Los nobles me llamaban la muchacha del bosque.

Algunos decían que yo había hechizado al rey.

La duquesa Celestine, una mujer elegante que siempre permanecía cerca de Ronan, me observaba con una sonrisa que nunca llegaba a sus ojos.

Una noche, mientras caminaba por los jardines, mi colgante comenzó a calentarse.

Lo saqué de debajo de mi vestido.

La pequeña media luna estaba brillando.

Al otro lado del jardín, Ronan se llevó una mano al pecho y se quedó inmóvil.

Antes de que pudiera preguntarle qué ocurría, una campana comenzó a sonar en el castillo.

A la mañana siguiente, los guardias entraron a mi habitación.

Me acusaban de haber enviado información secreta a un reino enemigo.

Me llevaron ante el consejo.

Sobre una mesa había varias cartas con mi nombre y mi supuesta letra.

Nunca las había visto.

Negué todo, pero nadie quiso escucharme.

Busqué a Ronan entre los presentes.

Él leyó los documentos sin decir una palabra.

Cuando finalmente se acercó, le pregunté si de verdad pensaba que yo lo había traicionado.

Su respuesta me dejó helada.

No estaba seguro de qué creer.

El general Aldrich propuso una alternativa al castigo que exigían los nobles: el destierro.

Ronan permaneció en silencio durante varios segundos.

Después pronunció mi sentencia.

Debía abandonar el reino y cruzar las montañas del norte sin protección.

Sentí que algo se rompía dentro de mí.

Pero justo cuando los guardias retiraron mis cadenas, sucedió algo que nadie esperaba.

Un aullido estremeció el castillo.

Luego otro.

Y otro más.

Miles de lobos comenzaron a responder desde todos los rincones del reino.

Ronan cayó de rodillas, sujetándose el pecho.

Su ropa se abrió ligeramente y alcancé a ver una marca que brillaba sobre su piel.

Era una media luna plateada, exactamente igual a la que yo llevaba desde que era una bebé.

PARTE 2 

Me quedé mirando aquella marca sin poder moverme.

Ronan también parecía sorprendido.

Por un instante, nuestros colgantes y su marca brillaron al mismo tiempo.

Después, la luz desapareció.

Nadie en el consejo supo explicar lo que acababa de ocurrir.

Los guardias me condujeron hacia las puertas del castillo.

Ronan no intentó detenerlos.

Y eso fue lo que más me dolió.

Salí con una pequeña bolsa de ropa, mis hierbas medicinales y el colgante que Myra me había dejado.

La nieve comenzaba a cubrir el camino.

No había avanzado demasiado cuando escuché pasos detrás de mí.

Me volví, pensando que algún soldado venía a buscarme.

Pero era un lobo gris.

El mismo que durante años había rondado mi cabaña.

Se acercó lentamente y rozó mi mano con su cabeza.

Después aparecieron otros.

Primero cinco.

Luego veinte.

Finalmente, decenas de lobos salieron de entre los árboles.

No intentaban cerrarme el paso.

Caminaban conmigo.

Por primera vez comprendí que aquellos animales nunca habían estado esperando comida.

Me habían estado cuidando.

Seguí avanzando hasta que una tormenta de nieve me obligó a detenerme junto a una formación rocosa.

El lobo gris se adelantó y me condujo hacia un sendero oculto.

Al otro lado de las montañas encontré un valle que jamás había visto.

Había casas de piedra, un lago y personas vestidas con capas blancas.

Todas llevaban el mismo símbolo.

Una media luna plateada.

Un anciano de cabello blanco se acercó a mí.

Cuando vio mi colgante, sus ojos se llenaron de lágrimas.

Se arrodilló.

—Hemos esperado mucho tiempo para volver a verte, Aara.

Me aparté, confundida.

Le dije que seguramente me estaba confundiendo con otra persona.

Pero el hombre conocía mi nombre.

También conocía el de Myra.

Me llevó hasta una sala donde había retratos antiguos.

Uno de ellos mostraba a una mujer de ojos grises y cabello oscuro.

Se parecía tanto a mí que sentí un escalofrío.

El anciano me explicó que aquella mujer pertenecía al linaje de la Sangre Lunar, una antigua familia vinculada a los lobos.

Diecinueve años atrás, alguien había ordenado perseguir a sus integrantes para impedir que una heredera llegara al trono.

Mi madre había logrado esconderme antes de desaparecer.

Myra, una curandera de confianza de nuestra familia, me había llevado a Pine Hollow para mantenerme a salvo.

Los lobos recibieron la misión de vigilarme sin revelar mi existencia.

—Entonces, ¿mi madre adoptiva sabía quién era yo?

El anciano asintió.

Sentí ganas de llorar.

Durante años había pensado que nadie me quería.

Y resultaba que alguien había arriesgado todo para protegerme.

Pero todavía faltaba comprender por qué Ronan tenía una marca idéntica a mi colgante.

El anciano abrió un libro antiguo.

Allí estaba escrita una profecía sobre dos linajes unidos por la luna.

El rey de los lobos poseía una fuerza inmensa, pero esa misma fuerza podía terminar consumiendo su parte humana.

La heredera de la Sangre Lunar tenía el poder de restaurar el equilibrio.

Los dos estaban destinados a encontrarse.

Entonces recordé al enorme lobo negro descansando sobre mis piernas.

Recordé sus ojos dorados.

Sus heridas.

La extraña luz que apareció cuando lo toqué.

—Ronan… —susurré.

El anciano confirmó lo que yo empezaba a sospechar.

El lobo al que había curado en mi cabaña era el propio rey.

Mientras yo descubría la verdad, en Ashgrave estaba ocurriendo algo más.

El general Aldrich había encontrado registros que demostraban que las cartas utilizadas en mi juicio eran falsas.

También descubrió que varios testigos habían recibido dinero para declarar contra mí.

Los documentos conducían a una sola persona.

La duquesa Celestine.

Pero lo peor apareció en un registro antiguo.

Celestine había sido quien ordenó perseguir al linaje de la Sangre Lunar diecinueve años atrás.

Cuando Ronan la enfrentó, ella no intentó negarlo todo.

Le recordó que, aunque las pruebas fueran falsas, había sido él quien decidió desterrarme.

Ronan ordenó detenerla y reabrir oficialmente mi caso.

Sin embargo, esa misma noche comenzó a perder el control sobre su transformación.

La marca de su pecho ardía constantemente.

El anciano vidente del palacio le explicó que el vínculo con la heredera había despertado y que la separación estaba debilitándolo.

Si no lograba restablecer el equilibrio, su parte humana terminaría desapareciendo.

Ronan salió hacia las montañas acompañado únicamente por Aldrich.

No llevó un ejército.

Tampoco envió órdenes exigiendo mi regreso.

Quería encontrarme y explicarme lo que había descubierto.

Al tercer día llegó al valle.

Yo estaba junto al lago cuando escuché cascos de caballo acercándose.

Al levantar la vista, lo vi.

Parecía agotado.

Tenía nieve sobre los hombros y una expresión que nunca antes había visto en él.

Bajó del caballo y caminó hacia mí.

Los guardianes de la Sangre Lunar se colocaron a mi alrededor.

Pero les pedí que lo dejaran pasar.

Ronan se detuvo frente a mí.

Luego se quitó la corona.

Y se arrodilló.

Me dijo que había descubierto la falsificación de las cartas, que Celestine estaba detenida y que mi nombre había quedado limpio.

También reconoció que nada de eso cambiaba lo que había hecho.

—Debí investigar antes de condenarte. Te pedí que confiaras en mí y fui yo quien no supo hacerlo.

No respondí inmediatamente.

Durante días había imaginado ese encuentro.

Pensaba que estaría furiosa.

Que le preguntaría por qué me había dejado ir.

Pero al verlo allí, sin sus soldados ni su trono, comprendí que ninguna explicación podía borrar lo ocurrido.

—Me hiciste sentir que otra vez no tenía a nadie —le dije.

Ronan bajó la mirada.

Me aseguró que no esperaba que lo perdonara en ese momento.

Solo quería pedirme la oportunidad de reparar el daño.

Entonces levanté la mano y toqué su rostro.

Fue exactamente el mismo gesto que había hecho aquella noche, cuando encontré al lobo herido frente a mi cabaña.

La marca de su pecho comenzó a brillar.

Mi colgante respondió con una luz idéntica.

El agua del lago se iluminó.

Detrás de Ronan apareció la figura transparente de un enorme lobo negro.

Al mismo tiempo, una loba blanca surgió de una luz plateada detrás de mí.

Los guardianes retrocedieron sorprendidos.

Ambas figuras se acercaron lentamente hasta tocarse.

Una claridad recorrió el valle.

Sentí que una presión que había llevado dentro del pecho durante días desaparecía.

Ronan respiró profundamente.

Sus ojos dejaron de cambiar de color.

Por primera vez, parecía tener el control completo de su transformación.

El anciano se acercó y nos explicó que el vínculo finalmente había despertado.

El poder de la Sangre Lunar no existía para someter al gran lobo.

Existía para devolverle el equilibrio que había perdido.

Ronan tomó mi mano.

Pero fui yo quien decidió qué sucedería después.

Le dije que lo acompañaría de regreso a Ashgrave, aunque recuperar mi confianza iba a requerir tiempo.

Él aceptó.

Durante los meses siguientes se revisaron las condenas relacionadas con las acusaciones de Celestine. Los registros de mi familia fueron recuperados y los sobrevivientes de la Sangre Lunar pudieron regresar abiertamente al reino.

Yo continué preparando remedios y atendiendo animales heridos, incluso cuando comenzaron a llamarme reina.

Ronan dejó de encerrarse durante cada luna llena.

Su lobo negro todavía aparecía algunas noches.

Pero ya no necesitaba cadenas.

Una primavera, durante una ceremonia frente a los habitantes de Ashgrave, Ronan colocó una corona de plata sobre mi cabeza.

Aquel día, entre todas las personas reunidas, vi al viejo lobo gris que había cuidado mi cabaña durante tantos años.

Estaba en lo alto de una muralla.

Nos observó durante unos segundos.

Después se dio la vuelta y desapareció entre los árboles.

Nunca volví a verlo.

Sin embargo, meses más tarde regresé a Pine Hollow para visitar la tumba de Myra.

Al llegar a mi antigua cabaña, encontré un pequeño lobo blanco dormido sobre los escalones.

Cuando escuchó mis pasos, levantó la cabeza.

Sus ojos eran dorados.

En su cuello había una diminuta marca en forma de media luna.

Me arrodillé frente a él.

El cachorro se acercó y apoyó su cabeza sobre mi mano.

Y entonces comprendí que algunas promesas no terminan cuando alguien cumple su misión.

Simplemente encuentran a alguien más a quien proteger.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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