Dos compañeros para elegir: Luna eligió previamente a un hermano “inútil” en lugar del futuro alfa
Dos compañeros para elegir: Luna eligió previamente a un hermano “inútil” en lugar del futuro alfa

PARTE 1
El día que cumplí veinte años, descubrí que la Diosa de la Luna me había concedido dos posibles compañeros. Uno era Glenn Wolf, el heredero orgulloso al que había amado desde niña. El otro era Ryan, su hermano menor, despreciado por toda la manada porque supuestamente nunca había despertado a su lobo.
Todos esperaban que eligiera a Glenn.
Pero yo ya había muerto una vez por amarlo.
En mi vida anterior lo escogí sin dudar. Después descubrí que mantenía una relación secreta con su asistente, Fawn Albertson. Cuando el alfa Amos la expulsó, Glenn me culpó. Me castigó exhibiendo a otras mujeres delante de mí, permitiendo que me humillaran y haciendo del vínculo de pareja una tortura. Finalmente, una de ellas envenenó al cachorro que llevaba en el vientre. Incapaz de soportar otra pérdida, puse fin a mi vida.
Y, contra toda lógica, desperté de nuevo el día de mi vigésimo cumpleaños.
Cuando el alfa Amos colocó ante mí los retratos de sus dos nietos, comprendí que la Diosa me había dado una segunda oportunidad.
—Elijo a Ryan —respondí.
El anciano me observó largamente y aceptó mi decisión, pero me pidió mantenerla en secreto hasta la celebración. Elegir compañero también significaba nombrar al futuro alfa, y una revelación precipitada podía dividir a la manada.
Al salir del salón del consejo me encontré con Glenn y sus seguidores. Se burlaron de mí, convencidos de que había ido a suplicar que me aceptara.
—Aunque la Diosa te dejara en mi cama, lo pensaría antes de marcarte —dijo Glenn—. Si llegamos a unirnos, no controlarás mi vida. Bloquearemos nuestro enlace mental y cada uno hará lo que quiera.
Entonces apareció Fawn. Glenn le tomó la mano con una ternura que nunca me había mostrado. Antes de marcharse, se volvió hacia mí.
—No me obligues a ser más cruel que la última vez.
El corazón me dio un vuelco. Aquellas palabras confirmaban algo aterrador: Glenn también recordaba nuestra vida anterior.
Durante mi fiesta llegó del brazo de Fawn, con señales deliberadas de intimidad. Esperó mis lágrimas, pero yo apenas los miré. Irritado por mi indiferencia, me ofreció el primer baile como si fuera un favor. Fawn se interpuso, afirmó que yo bailaba mal y tomó su mano.
Cuando decidí alejarme, Glenn me sujetó la muñeca.
—Si yo no bailo contigo, nadie lo hará. Eres mía.
—¿Quién dijo que voy a elegirte?
El salón enmudeció. Fawn soltó una carcajada y preguntó si acaso prefería al “inútil” de Ryan. Recordé la advertencia de Amos y guardé silencio, lo que permitió que todos se burlaran.
Fawn se acercó para provocarme y, de pronto, el escote de su vestido se rasgó. Cayó al suelo acusándome de haberlo hecho. Yo ni siquiera la había tocado, pero Glenn me abofeteó sin escucharme.
—Discúlpate y dale tu vestido.
Cuando me negué, Fawn ordenó que me sujetaran. Varias manos me inmovilizaron mientras ella tiraba de la tela para desnudarme delante de toda la manada. Luché hasta que me sangraron los dedos, pero nadie intervino.
Entonces un bastón golpeó el suelo con estruendo.
—¡Basta! —rugió el alfa Amos.
El salón se abrió para dejarlo pasar. A su lado caminaba Ryan, alto, sereno y mucho más imponente de lo que los rumores describían. Al verme con la mejilla hinchada y el vestido roto, se quitó el abrigo, cubrió mis hombros y se colocó frente a mí.
Glenn, todavía convencido de su victoria, exigió que su abuelo lo proclamara futuro alfa. Amos lo ignoró y preguntó qué había ocurrido. Todos hablaron a la vez, culpándome.
El anciano volvió a golpear el suelo.
—¡Qué absurdo! Iris jamás eligió a Glenn. ¿Por qué sentiría celos de Fawn?
La sonrisa de Glenn desapareció. Toda la manada volvió los ojos hacia mí, esperando el nombre que cambiaría nuestro destino.
Respiré hondo, tomé la mano de Ryan y abrí la boca.
PARTE 2
—He elegido a Ryan —declaré con firmeza—. Él será mi compañero.
El silencio duró apenas un segundo antes de que el salón estallara en murmullos. Glenn perdió todo el color del rostro.
—Eso es imposible. Tú me amas. En la vida anterior me elegiste a mí.
Su confesión confirmó mis sospechas. También había regresado en el tiempo y, aun sabiendo cuánto me había hecho sufrir, estaba convencido de que yo repetiría mi error.
Intentó agarrarme, pero Ryan se interpuso y entrelazó sus dedos con los míos.
—Iris ya decidió —dijo con una calma que resultaba más amenazante que un grito—. Desde ahora será mi Luna. Trátala con respeto.
Glenn se burló de él, llamándolo inútil y asegurando que un hombre sin lobo jamás podría gobernar. El alfa Amos ordenó a dos guardias gamma que lo sacaran. Luego puso el cetro de mando en las manos de Ryan y anunció ante todos que él sería el heredero de la Manada Luna de Plata.
Por primera vez desde que había vuelto a vivir, sentí que el pasado dejaba de dominarme.
Durante el banquete, Ryan permaneció a mi lado sin preguntarme por qué lo había escogido. No exigió explicaciones ni intentó aprovecharse de mi vulnerabilidad. Simplemente cuidó mi mejilla y se aseguró de que nadie volviera a acercarse para humillarme.
Glenn regresó borracho antes de que terminara la celebración. Se arrojó frente a la mesa principal y suplicó a su abuelo que cancelara nuestra unión.
—¡Iris es mía! Crecimos juntos. Ella siempre me ha amado.
—Es verdad —admití—. Te amé durante años, pero eso terminó. Tú elegiste a Fawn y yo me aparté. Deberías estar feliz.
Él se negó a aceptarlo. Afirmó que solo utilizaba a Ryan para provocarle celos y se lanzó hacia mí. Esta vez Ryan no se limitó a bloquearle el paso. Su cuerpo se transformó ante toda la manada en un lobo gigantesco, de ojos carmesí y una fuerza propia de un alfa.
Los invitados retrocedieron, asombrados. El supuesto inútil había ocultado su despertar para evitar que Glenn lo considerara una amenaza antes de tiempo.
Glenn cayó al suelo, paralizado por el miedo.
Amos lo condenó a permanecer recluido y ordenó que lo vigilaran. Después, Ryan me llevó al Lago de la Luna. Bajo la luz plateada, su seguridad pareció desvanecerse.
—Si te arrepientes, todavía puedo pedir que anulen la ceremonia —murmuró—. Sé que siempre lo amaste a él.
Apreté su mano.
—Tuve un sueño muy largo. En él, mi vida terminó en la oscuridad y tú fuiste la única persona que trató de hacerme justicia. Cuando desperté, comprendí que eras tú a quien debía elegir.
No podía contarle aún toda la verdad, pero tampoco estaba mintiendo. Tras mi muerte anterior, mi espíritu había visto a Ryan irrumpir en la ceremonia de sucesión de Glenn, revelar sus crímenes y castigarlo por haber destruido a su Luna y a su cachorro.
Ryan sacó una pequeña caja. Dentro había un anillo de piedra lunar. Lo deslizó en mi dedo y después marcó suavemente mi cuello. El vínculo se encendió entre nosotros como una corriente cálida. A cambio, le entregué el colgante que había pertenecido a mi madre.
—Es lo más valioso que poseo.
Él lo sostuvo contra su pecho.
—Entonces lo protegeré igual que te protegeré a ti.
Al regresar a casa encontramos a Fawn esperándome. No había presenciado la transformación de Ryan y seguía creyendo que yo había elegido a un hombre débil.
—Tu plan para darle celos a Glenn fracasó —se burló.
En ese instante, Glenn apareció, la apartó de un empujón y se arrodilló frente a mí con un enorme anillo.
—Iris, elígeme. Romperé con Fawn. Haré todo lo que quieras.
Fawn comenzó a llorar y reveló delante de los vecinos que él le había prometido convertirla en Luna después de utilizar mi elección para obtener el puesto de alfa. Acorralado, Glenn la culpó de haberlo seducido y la repudió públicamente.
Yo retiré la mano cuando intentó tocarme.
—Crees que naciste para recibir todo lo que deseas, pero hay algo que jamás conseguirás.
—¿Qué cosa?
—Una cura para el arrepentimiento.
Cerré la puerta y lo dejé afuera.
Días después, Ryan y yo partimos hacia la Montaña de la Diosa de la Luna para celebrar nuestra unión oficial. Íbamos tomados de la mano cuando el vehículo frenó bruscamente. Glenn, vestido de blanco, bloqueaba el camino.
Bajamos juntos. Sus ojos estaban inyectados de sangre.
—La Diosa te destinó para mí —insistió—. Si mueres, quizá podamos regresar otra vez y empezar de nuevo.
Antes de que pudiera reaccionar, sacó una daga de plata y se lanzó contra mí. Ryan cubrió mi cuerpo y atrapó la hoja con la mano desnuda. La plata quemó su piel y la herida comenzó a humear, pero no retrocedió.
Los guardias derribaron a Glenn. Fawn llegó corriendo y trató de llevárselo, aunque él ni siquiera la miró.
—Sé que me equivoqué —me gritó mientras lo sujetaban—. Si pudiera vivirlo otra vez, no cometería los mismos errores.
Sus palabras eliminaron cualquier duda: conservaba todos los recuerdos. Había recibido la misma segunda oportunidad que yo y la había desperdiciado volviendo a ser egoísta, cruel y arrogante.
El sanador vendó la mano de Ryan, pero explicó que una herida de plata necesitaría hierbas especiales y varios baños de luz lunar.
—Aplacemos la ceremonia —le pedí entre lágrimas.
Ryan sonrió y rozó mi nariz con la mano sana.
—He esperado este día durante demasiado tiempo. Una herida no me hará renunciar a ti.
Seguimos hasta la cima. Flores blancas rodeaban el altar y los miembros de la manada sostenían velas a ambos lados. Bajo la bendición de Amos, intercambiamos nuestros votos. Cuando Ryan me besó, los aullidos de celebración hicieron temblar la montaña.
Esa noche, frente al fuego de nuestra nueva casa, le pregunté por qué me había protegido incluso en la vida que él no podía recordar.
—Porque llevo amándote desde que éramos niños —confesó—. Te vi por primera vez pidiendo dulces en casa de tus padres. Después de perder a los míos me aislé, pero siempre te observaba desde lejos. Verte correr detrás de Glenn me dolía demasiado.
También admitió que él mismo había alimentado los rumores sobre su debilidad. Fingir que no había despertado a su lobo le permitió prepararse sin provocar a su hermano.
Meses más tarde quedé embarazada. Amos entregó oficialmente el mando a Ryan y, poco después, murió en paz. Bajo el gobierno de mi compañero, la manada prosperó y nuestro hogar se llenó de una felicidad que en mi primera vida jamás había conocido.
Glenn, en cambio, se hundió en la bebida. Fawn perdió la razón después de ser abandonada y desapareció durante un tiempo. Una tarde, cuando yo descansaba en el jardín, Glenn apareció desaliñado.
—En nuestra otra vida fuimos felices —balbuceó—. Tuvimos hijos y envejecimos juntos.
Lo miré sin compasión.
—¿Eso te dices para poder dormir? Fawn envenenó a nuestro cachorro y yo acabé con mi vida por las humillaciones que permitiste.
El terror se apoderó de su rostro.
—Entonces… tú también recuerdas.
—Lo recuerdo todo. Por eso elegí a Ryan.
Los guardias acudieron para expulsarlo. Antes de que llegaran a la puerta, Fawn salió de entre las sombras con una daga de plata. Se abalanzó sobre Glenn y lo hirió mortalmente; luego volvió el arma contra sí misma. Ambos cayeron juntos, consumidos por la obsesión que habían confundido con amor.
Ordené asegurar el lugar y entré en casa sin volver la mirada.
Detrás de aquella puerta quedaron Glenn, Fawn y las heridas de mi primera vida. Delante de mí estaban Ryan, nuestro hijo por nacer y el futuro que esta vez había elegido por voluntad propia.
La Diosa de la Luna no me había devuelto la vida para corregir a Glenn.
Me la había devuelto para que, por fin, aprendiera a elegirme a mí misma.