Diez años después de huir, Eleanor vio a su hijo despertar el poder que el rey creyó perdido.

Diez años después de huir, Eleanor vio a su hijo despertar el poder que el rey creyó perdido.

El día que Adrien se casó, Eleanor supo que la boda debía haber sido la suya.

Pero la corona terminó sobre la cabeza de su hermana.

Y, mientras todo el reino brindaba, ella huía por un túnel secreto con el hijo del rey en el vientre.

Eleanor Ashford había estado al lado de Adrien Blackwood desde antes de que él heredara el trono. Creía en la promesa que él le había hecho una noche bajo las estrellas: pasara lo que pasara, encontraría el camino de regreso a ella.

La mañana de la boda, sin embargo, Adrien escuchó al consejo anunciar otra decisión. La reina sería Viven, hermana de Eleanor, para afianzar una alianza con las familias del norte. El rey tenía autoridad para rechazarla, pero su investigador más leal, Gideon, acababa de advertirle que había mercenarios en la capital y que alguien seguía a Eleanor. Sus guardias habían sido reemplazados. Algunos sirvientes habían desaparecido.

Adrien no tenía pruebas suficientes para acusar a los nobles que organizaban la conspiración. Sí sabía que Eleanor se había convertido en un blanco. Si todos creían que él ya no la amaba, quizá dejarían de usarla para llegar hasta él. Así que firmó el decreto. En secreto, pidió a Gideon preparar una carroza, dinero y documentos falsos para sacarla del reino después de la ceremonia.

Eleanor no supo nada de ese plan. Desde una habitación del ala oriental vio a Adrien colocar la corona sobre Viven. Esperó una explicación, convencida de que debía existir una razón, pero cada intento de acercarse a él terminaba con un guardia desconocido bloqueándole el paso.

Sus mensajes nunca llegaban. Los sirvientes le daban excusas distintas sobre dónde estaba el rey. Un hombre encapuchado apareció varias veces cerca de su habitación. Y esa misma mañana, el médico real le había confirmado algo que ella aún no había podido contarle a Adrien: esperaba un hijo suyo.

Al caer la noche, su amiga Clara irrumpió en la habitación con una manga manchada de sangre. Le contó que había visto a Gideon, quien le pidió sacar a Eleanor del palacio de inmediato. Los guardias, le explicó, tenían órdenes de no dejarla salir sin permiso del consejo.

Eleanor todavía quería esperar a Adrien. Clara señaló su vientre y le dijo que quedarse podía poner también al bebé en peligro. La joven entendió que no tenía pruebas de una conspiración, pero sí suficientes señales para temerla.

Escaparon por un pasadizo oculto tras un tapiz. Antes del amanecer, Eleanor cruzó los muros de la ciudad en una carreta de comerciantes, vestida como una viajera cualquiera. No dejó una carta. Cualquier mensaje podía revelar su ruta.

Cuando Adrien finalmente consiguió llegar a su habitación, encontró la puerta cerrada y a Eleanor desaparecida.

Ella se instaló con Clara en una aldea remota, usando el apellido Gray. Diez años después, Nathan crecía sin saber que su padre era el rey. Eleanor trabajaba cosiendo ropa, preparando remedios y enseñando a leer a los niños. Nunca dejó de protegerlo, pero tampoco le contó por qué habían tenido que huir.

Nathan era distinto. Los lobos se acercaban a él sin gruñir; incluso una vez un animal herido se acurrucó a su lado durante una tormenta. Eleanor temía que alguien reconociera en él la fuerza de la familia Blackwood.

Su temor se volvió realidad cuando unos muchachos se burlaron de Nathan y empujaron a un anciano que intentó defenderlo. El niño sintió que algo se encendía dentro de él. El aire se volvió pesado, los pájaros alzaron el vuelo y los muchachos cayeron de rodillas, incapaces de levantarse.

Eleanor reconoció aquel brillo plateado en sus ojos. Era igual al de Adrien.

Esa misma noche, cuatro hombres desconocidos llegaron a la aldea. Eleanor escondió a Nathan bajo el piso de la casa, pero los intrusos encontraron señales de que no vivía sola. Cuando abrieron la puerta, ella tomó el atizador de la chimenea y se plantó frente a la entrada de la bodega.

Uno de los hombres miró un retrato que llevaba consigo y luego la reconoció.

—Por fin te encontramos, lady Eleanor.

El niño salió de su escondite. Los hombres avanzaron hacia él y, de pronto, uno cayó de rodillas. Luego otro. Un resplandor plateado iluminó los ojos de Nathan mientras su madre gritaba su nombre.

PARTE 2

Antes de que alguno de los hombres pudiera acercarse más, un aullido sacudió la noche. Un enorme lobo plateado irrumpió por una pared de la casa. Otros cinco entraron detrás de él y rodearon a Nathan, ignorando a Eleanor.

Afuera, los lobos del bosque habían cercado a los hombres que vigilaban la aldea. Los atacantes huyeron o soltaron sus armas. Cuando Adrien llegó con Gideon y un pequeño grupo de guardias leales, encontró a Eleanor y a su hijo vivos.

Durante un instante, ninguno pudo hablar. Adrien miró al niño y reconoció en él sus propios ojos. Eleanor seguía sin saber si podía confiar en él, pero aceptó salir de la aldea con Nathan y Clara mientras la amenaza siguiera activa.

En el camino hacia Blackwood, Adrien le contó por fin lo que había ocurrido la mañana de la boda: había aceptado casarse con Viven para alejar a sus enemigos de Eleanor. Nunca quiso dejarla; planeaba sacarla del palacio en cuanto terminara la ceremonia. Pero la conspiración les había cerrado el paso y los había mantenido separados.

La revelación no borró los diez años de miedo ni el hecho de que Eleanor había tenido que sobrevivir sola. Aun así, le permitió entender que la boda no había sido una elección amorosa de Adrien. La verdadera responsable era lady Margaret Ravenshire, quien llevaba años colocando aliados en el consejo y extendiendo su influencia sobre el reino.

Margaret también había enviado a los asesinos. Sabía que si Nathan era el heredero legítimo, los planes que había construido con Lucien, el medio hermano de Adrien, podían venirse abajo.

Al regresar al palacio, Eleanor y Nathan fueron recibidos por Viven. La reina no fingió estar enamorada de Adrien ni culpó a su hermana. También había sido empujada a ese matrimonio por su madre, Margaret, y se había pasado años viviendo como una extraña junto al rey. Cuando supo que Eleanor había escapado embarazada, comprendió por qué Adrien nunca había podido corresponderle.

Pero la amenaza aún no había terminado. Margaret y sus seguidores organizaron un golpe. Durante una reunión del consejo, hombres armados salieron de pasadizos ocultos bajo el palacio. Lucien, dividido entre la ambición y la culpa, ayudó primero a proteger a Nathan. Margaret lanzó un frasco de veneno hacia el niño, pero Lucien se interpuso y cayó gravemente herido.

Nathan sintió el pánico de todos a su alrededor. La misma fuerza que había hecho arrodillarse a los atacantes volvió a surgir, pero esta vez no los sometió. Una calma plateada recorrió el salón y ayudó a los guardias a recuperar el control.

Adrien pudo perseguir a Margaret, pero eligió quedarse junto a su hijo. Envió a Gideon tras ella y se arrodilló al lado de Lucien. Los rebeldes fueron derrotados, aunque Margaret logró escapar por un túnel antes de que la alcanzaran.

Meses más tarde, la capturaron y un tribunal la declaró culpable de traición y de ordenar ataques contra la familia real. Adrien rechazó la sentencia de muerte y la condenó a pasar el resto de su vida en prisión. Luego deshizo los decretos falsos y limitó el poder del consejo para que nadie pudiera volver a usar la corona como instrumento de una sola familia.

Lucien sobrevivió al veneno. Nathan se quedó junto a su cama hasta que despertó, y así comenzó entre ambos una relación que ninguno habría imaginado.

Viven pidió anular el matrimonio político. Adrien aceptó y ella decidió dedicar su vida a ayudar a los niños que habían quedado sin familia durante los años de conflicto.

En una ceremonia pública, Adrien reconoció a Nathan como su hijo y heredero. Después se volvió hacia Eleanor. Se arrodilló y admitió que no podía devolverle los años perdidos ni pedirle que olvidara lo que había sufrido.

Eleanor lo escuchó sin prometer que todo volvería a ser como antes. Lo que había pasado no podía deshacerse, pero ambos podían elegir qué hacer con los años que aún les quedaban.

Un año después, bajo un cedro nuevo plantado en los jardines del palacio, Nathan corrió a reunirse con ellos. Adrien tomó la mano de Eleanor. Esta vez, ella decidió quedarse.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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