Despertó embarazada y sin memoria… El jefe de la mafia decía ser su prometido, pero ¿estaba mintiendo?

Despertó embarazada y sin memoria… El jefe de la mafia decía ser su prometido, pero ¿estaba mintiendo?

PARTE 1

Cuando abrí los ojos, lo primero que sentí fue miedo.

No sabía dónde estaba.

No sabía cuánto tiempo había pasado.

Ni siquiera sabía quién era yo.

El sonido de una máquina junto a mi cama era lo único que parecía real. Un pitido constante que aumentaba cada vez que intentaba moverme. Sentía dolor en todo el cuerpo, como si mi propia existencia fuera una historia que alguien más me había contado.

Una enfermera entró en la habitación y pronunció mi nombre.

—Elena Reichi, ¿puedes escucharme?

Elena.

La palabra quedó suspendida en mi mente.

Busqué recuerdos relacionados con ese nombre. Una casa. Una familia. Una voz llamándome desde algún lugar.

Nada.

Solo vacío.

—¿Dónde estoy? —pregunté con la garganta seca.

—En el hospital St. Agnes. Tuviste un accidente de automóvil.

La enfermera intentó tranquilizarme, pero entonces hizo una pregunta que cambió todo.

—¿Recuerdas qué año es?

Abrí la boca para responder.

Pero no salió nada.

Porque no lo sabía.

No sabía el año.

No sabía mi edad.

No sabía mi apellido.

No sabía absolutamente nada sobre la persona que había sido antes de despertar.

El médico me explicó que había sufrido una pérdida de memoria temporal. Mis recuerdos podían volver poco a poco, pero nadie podía decirme cuándo ocurriría.

Entonces llevé una mano hacia mi abdomen.

Había algo diferente.

Algo que no podía entender.

El médico bajó la mirada antes de hablar.

—Elena, estás embarazada.

Sentí que el mundo se detenía.

—¿Embarazada?

Asentí lentamente, intentando comprender cómo podía existir una vida dentro de mí cuando yo ni siquiera recordaba la mía.

—¿Quién es el padre? —pregunté.

El médico no respondió inmediatamente.

Eso fue lo que más miedo me dio.

Finalmente miró hacia la puerta.

—Hay un hombre que ha estado esperando durante días.

Mi corazón comenzó a latir más rápido.

—Dice que es tu prometido.

—¿Su nombre?

El médico dudó.

—Dante Moretti.

Ese nombre no despertó ningún recuerdo.

Pero provocó una extraña sensación.

Como si una parte de mí lo conociera aunque mi mente no pudiera encontrarlo.

Unos minutos después, la puerta de mi habitación se abrió.

Y entonces apareció él.

Un hombre alto vestido con un traje negro perfectamente ajustado. Su presencia llenó la habitación antes de que dijera una sola palabra.

Tenía una mirada fría para el mundo.

Pero cuando me vio, algo cambió en su rostro.

Dolor.

Alivio.

Y algo más difícil de identificar.

Culpa.

—Elena…

Escuchar mi nombre salir de sus labios fue extraño.

Como si él lo hubiera dicho cientos de veces antes.

—¿Tú eres Dante?

Él asintió.

—Sí.

—Me dijeron que eres mi prometido.

Sus ojos bajaron por un segundo.

—Lo soy.

Me explicó nuestra historia.

Me dijo que nos conocimos hacía más de un año. Que yo era arquitecta. Que habíamos decidido casarnos. Que el bebé que llevaba dentro era suyo.

Pero había algo que no podía ignorar.

Cada vez que hablaba de nuestro futuro, parecía seguro.

Cada vez que intentaba hablar del accidente, se quedaba en silencio.

Me mostró fotografías.

En una aparecía yo con un vestido verde, sonriendo junto a él.

Parecíamos felices.

Demasiado felices para que yo no sintiera nada.

—Podrías estar mintiendo —le dije.

Dante no se enojó.

Solo me miró.

—Sí. Podría hacerlo.

Su respuesta me sorprendió.

Un hombre que quisiera engañarme habría intentado convencerme.

Pero él simplemente aceptó mi duda.

Antes de irse, tomó mi mano con cuidado.

Y ocurrió algo extraño.

Mi mente no recordó nada.

Pero mi corazón reaccionó.

Como si aquella mano ya hubiera sido mi lugar seguro.

—Por ahora te creo —susurré.

Dante bajó la mirada.

Y por un instante vi algo que nunca esperaba encontrar en alguien como él.

Vergüenza.

Cuando salió de la habitación, me quedé mirando la puerta.

No sabía quién era Dante Moretti.

No sabía quién era Elena Reichi.

Pero sabía una cosa:

Ese hombre estaba ocultando algo.

Y tarde o temprano yo iba a descubrir qué era.

Porque había perdido mis recuerdos.

Pero no había perdido mi intuición.

PARTE 2

Después de salir del hospital, fui llevada al lugar que supuestamente era mi hogar.

El penthouse de Dante Moretti dominaba la ciudad desde lo alto de un edificio de cristal.

Era hermoso.

Elegante.

Perfecto.

Pero también se sentía extraño.

Como si estuviera entrando en la vida de otra mujer.

Una mujer que llevaba mi rostro.

Encontré mis antiguos cuadernos de arquitectura sobre un escritorio. Dibujos, planos y anotaciones escritas con mi propia letra.

Mis manos tocaron aquellas páginas.

Por primera vez desde el accidente sentí una conexión con mi pasado.

Esa mujer era yo.

Una mujer apasionada por crear edificios.

Una mujer que discutía sus ideas.

Una mujer que no parecía tener miedo.

Pero cuanto más conocía mi antigua vida, más preguntas aparecían.

Dante sabía detalles imposibles.

Sabía cómo tomaba mi café.

Sabía qué lado de la cama prefería.

Sabía pequeñas cosas que nadie podría inventar fácilmente.

Pero cuando preguntaba por la noche del accidente, levantaba una pared invisible.

Una madrugada tuve un sueño.

Lluvia.

Luces.

Un impacto.

Y una voz gritando mi nombre.

La voz de Dante.

Desperté temblando.

Lo encontré en su despacho, sentado frente a una mesa, con una expresión agotada.

—Quiero saber la verdad sobre el accidente.

Él permaneció en silencio.

—Dante.

Finalmente respiró profundamente.

—No fue un accidente cualquiera.

Sentí un escalofrío.

Me contó que aquella noche yo regresaba de una reunión importante. Que había personas interesadas en destruir la alianza entre nuestras familias.

Pero había algo peor.

Dante había sospechado desde el principio que alguien había provocado el choque.

Y había decidido ocultármelo.

—¿Controlaste lo que yo sabía? —pregunté.

Su silencio fue una respuesta.

Me dolió más que cualquier explicación.

Porque entendí que, aunque decía protegerme, también había tomado una decisión por mí.

—No puedes llamarlo amor si decides mi vida sin preguntarme.

Por primera vez vi a Dante Moretti sin la máscara de hombre poderoso.

Solo vi a alguien arrepentido.

—Tienes razón —dijo.

Esa respuesta me confundió.

No intentó defenderse.

No buscó una excusa.

Aceptó el daño.

Pero antes de poder continuar, apareció una nueva amenaza.

Una mujer llamada Victoria Caruso llegó al penthouse.

Sonreía con tranquilidad, pero sus palabras escondían algo peligroso.

—Elena tiene derecho a saber lo que está pasando.

Dante cambió de expresión.

—Vete.

Ella ignoró la orden.

—Tu prometida no sabe que su compromiso comenzó como un acuerdo entre familias.

Sentí que el aire desaparecía.

Miré a Dante.

—¿Es verdad?

Él cerró los ojos durante unos segundos.

Y entonces dijo la frase que cambiaría todo.

—Sí.

Mi compromiso con Dante había comenzado como un acuerdo.

Pero él aseguró que algo había cambiado.

Que con el tiempo se había enamorado de mí.

Yo quería creerle.

Pero había demasiadas preguntas.

Demasiados secretos.

Y entonces recordé algo.

No toda mi memoria.

Solo una imagen.

Un automóvil oscuro detrás de mí bajo la lluvia.

Y una voz al teléfono.

La voz de Dante diciendo:

“Elena, dime dónde estás.”

Lo miré.

Él entendió inmediatamente.

Porque sabía que ese recuerdo significaba algo.

—Dante…

Mi voz tembló.

—Creo que recuerdo la noche del accidente.

Su rostro perdió color.

Porque ambos comprendimos la misma cosa.

Mis recuerdos no estaban regresando para darme respuestas.

Estaban regresando para revelar quién había intentado destruir nuestras vidas.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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