Dejaron inconsciente al omega rechazado, sin darse cuenta de que los lobos del rey los observaban.
Dejaron inconsciente al omega rechazado, sin darse cuenta de que los lobos del rey los observaban.

PARTE 1
En el mundo sobrenatural existía una regla que todos conocían y nadie se atrevía a romper:
Nunca te acerques a Orion.
El enorme sabueso negro pertenecía al rey Kalian Verith, el gobernante de Noctis Vale. Durante más de cien años, aquella criatura había permanecido junto al rey vampiro como una sombra silenciosa, siempre vigilante, siempre distante.
Pero Orion no era un animal común.
Era una criatura antigua, más vieja que muchas familias de vampiros. Su inteligencia superaba la de cualquier guardián entrenado y sus sentidos eran capaces de descubrir cosas que otros seres jamás podían percibir.
Muchos habían intentado ganarse su confianza.
Los soldados reales fracasaron.
Las familias nobles ofrecieron regalos extraordinarios y también fracasaron.
Incluso los vampiros más antiguos, aquellos que dominaban poderosas habilidades, intentaron acercarse a él.
Pero Orion siempre respondía de la misma manera.
Los observaba con sus fríos ojos dorados y luego se alejaba.
Para todos era evidente que el sabueso solo había elegido a una persona.
Kalian Verith.
El rey que lo encontró durante una antigua guerra.
El rey que decidió salvarlo cuando otros solo veían una criatura peligrosa.
El único que entendía lo que significaba vivir durante siglos cargando con la soledad.
Por eso, aquella noche, cuando Orion caminó hacia alguien más, todo el mundo quedó en completo silencio.
La historia comenzó en el restaurante Moonveil, un lugar aparentemente normal donde humanos adinerados y visitantes sobrenaturales se reunían bajo elegantes lámparas de cristal.
Desde fuera parecía un restaurante cualquiera.
Pero dentro era un punto de encuentro entre dos mundos.
Allí trabajaba Livia Marcel.
Tenía veintiséis años y llevaba casi dos años atendiendo mesas. Había aprendido a tratar con todo tipo de personas: clientes arrogantes, invitados difíciles y seres que creían estar por encima de los demás.
Aquella noche estaba agotada.
Su turno había sido más largo de lo esperado. Un cliente se había quejado por un plato que ni siquiera había pedido, un compañero había faltado y la cocina estaba a punto de colapsar durante la hora más ocupada.
Pero Livia continuó trabajando.
Era lo que siempre hacía.
Respiró profundamente, tomó una bandeja y caminó hacia la zona privada del restaurante.
Sin saberlo, se dirigía hacia la mesa del ser más temido del mundo sobrenatural.
El rey Kalian estaba sentado en un rincón oscuro del salón.
Vestía un elegante abrigo negro y su expresión era imposible de leer. La mayoría de las personas evitaban mirarlo directamente. No porque él lo ordenara, sino porque su presencia imponía una distancia natural.
A su lado estaba Orion.
El legendario sabueso que nadie podía tocar.
Cuando Livia llegó a la mesa, no pensó en quién era el hombre frente a ella. No sabía que estaba sirviendo al rey vampiro.
Simplemente estaba haciendo su trabajo.
—Buenas noches. ¿Desean algo más? —preguntó con tranquilidad.
Kalian levantó la mirada.
La mayoría de las personas temblaban al encontrarse con sus ojos.
Pero Livia solo esperaba una respuesta.
—Nada más —contestó él.
Ella asintió y comenzó a alejarse.
Entonces ocurrió algo imposible.
Orion se levantó.
Las conversaciones del restaurante desaparecieron.
Los vasos dejaron de moverse.
Todos los presentes entendieron lo que estaba pasando.
Orion nunca se acercaba a desconocidos.
Livia se giró lentamente, esperando algún peligro.
Pero el enorme sabueso simplemente caminó hacia ella.
Sus ojos dorados la observaron durante varios segundos.
Después bajó la cabeza y acercó su hocico a la mano de la joven.
Como si estuviera pidiendo permiso.
Livia quedó inmóvil.
Nadie respiraba.
Con cuidado, extendió sus dedos y tocó su pelaje.
Y Orion se lo permitió.
El silencio que siguió fue absoluto.
Kalian se levantó lentamente.
Por primera vez en aquella noche, su expresión cambió.
Porque aquello nunca había sucedido.
Ni una sola vez.
Livia retiró la mano rápidamente.
—Lo siento… no quería molestarlo.
El rey la miró fijamente.
—No lo has molestado.
Ella observó a todos los presentes, confundida.
—Entonces… ¿por qué todos me miran así?
Nadie respondió.
Porque todos en aquella sala comprendían algo que ella todavía no sabía.
El sabueso que había rechazado a reyes, guerreros y familias enteras acababa de elegirla a ella.
Y nadie entendía por qué.
PARTE 2
A la mañana siguiente, Kalian ordenó investigar a Livia Marcel.
No porque sospechara de ella.
Sino porque necesitaba una respuesta.
¿Por qué Orion?
¿Por qué una simple camarera humana había conseguido algo que nadie durante siglos pudo lograr?
Su consejera Saraphene Dorville revisó todos los registros disponibles.
El resultado fue desconcertante.
Livia no tenía sangre noble.
No poseía poderes ocultos.
No pertenecía a ninguna familia sobrenatural.
Era simplemente una humana común.
Y eso hacía el misterio todavía más grande.
Durante siglos, Orion había detectado engaños, amenazas e intenciones ocultas. Era capaz de sentir cosas que otros ignoraban.
Pero con Livia no había mostrado rechazo.
Había elegido acercarse.
Kalian volvió al restaurante.
Esta vez sin anunciar su llegada.
Livia lo reconoció inmediatamente.
—¿Volvió?
—Sí.
Ella miró hacia Orion.
—¿Él vino a verme?
Kalian casi sonrió.
—Crees que fue decisión suya.
Livia observó al sabueso.
—Probablemente lo fue.
Aquella respuesta sorprendió al rey.
Porque la mayoría pensaba que Orion le pertenecía.
Pero Livia entendía algo diferente.
Orion no era una posesión.
Era un ser capaz de elegir.
Durante las siguientes semanas, Kalian permitió que Livia pasara tiempo con el sabueso.
Al principio la observó cuidadosamente.
Después comenzó a notar algo extraño.
Livia nunca trataba a Orion como una criatura poderosa o peligrosa.
Lo trataba como alguien que tenía sentimientos.
Caminaba con él por los jardines del palacio.
Le hablaba.
Se sentaba junto a él en silencio.
Una tarde, mientras acariciaba al enorme sabueso, Livia dijo:
—Todos creen que eres aterrador… pero yo creo que solo estás solo.
Desde la distancia, Kalian escuchó aquellas palabras.
Y sintió algo extraño.
Porque Livia no estaba hablando solamente de Orion.
También estaba hablando de él.
El rey había pasado siglos rodeado de personas y aun así seguía sintiéndose completamente solo.
Poco después, Saraphene descubrió antiguos documentos escondidos en los archivos reales.
Eran escritos sobre el vínculo del sabueso.
La leyenda decía que Orion no elegía por sangre, riqueza o poder.
Elegía a la persona capaz de recordar al gobernante aquello que había olvidado.
Kalian preguntó:
—¿Qué he olvidado?
Saraphene respondió suavemente:
—La compasión.
Durante siglos, Kalian había gobernado mediante fuerza y autoridad.
Pero una humana sin poder había conseguido cambiar al único ser que realmente lo conocía.
Y entonces el rey comprendió algo que nunca imaginó.
Quizás Orion no había elegido a Livia para sí mismo.
Quizás la había elegido para él.
Por primera vez en siglos, Kalian permitió que una humana entrara en el territorio real.
La decisión sorprendió a toda la corte vampírica.
Pero el rey permaneció firme.
—Tal vez ha llegado el momento de cambiar.
Sin embargo, esa decisión no tardó en llamar la atención de sus enemigos.
Una antigua facción conocida como la Orden Carmesí descubrió que Orion había elegido a una humana.
Ellos creían que Livia escondía algún poder secreto.
Creían que ella era la llave para controlar el futuro del reino.
Pero estaban equivocados.
Livia no era importante por lo que tenía.
Era importante por lo que era.
Y una noche, cuando regresaba por los jardines del palacio, descubrió algo extraño.
Los guardias habían desaparecido.
Los pasillos estaban demasiado silenciosos.
Entonces Orion levantó la cabeza y lanzó un gruñido profundo.
No era una advertencia normal.
Era una señal de verdadero peligro.
Segundos después apareció Kalian.
Su expresión había cambiado.
Ya no era el hombre tranquilo que Livia conocía.
Era el rey.
—Quédate detrás de mí.
Pero Livia negó con la cabeza.
—Sé que quieres protegerme… pero no soy indefensa.
En ese momento, Kalian entendió finalmente por qué Orion la había elegido.
No porque ella no tuviera miedo.
Sino porque era capaz de seguir adelante a pesar de sentirlo.
Y mientras las sombras comenzaban a rodear el palacio, el rey vampiro comprendió una verdad que cambiaría su vida para siempre:
Después de siglos buscando poder, finalmente había encontrado algo mucho más difícil de conseguir.
Alguien que podía ver al hombre detrás de la corona.