Cuatro hermanas fueron vendidas en una subasta… hasta que el rey vampiro apareció y cambió sus destinos
Cuatro hermanas fueron vendidas en una subasta… hasta que el rey vampiro apareció y cambió sus destinos

PARTE 1
La noche en que vendieron a mis hermanas y a mí como si fuéramos una simple mercancía, pensé que ya lo había perdido todo.
No sabía que aquel momento sería el inicio del secreto más grande de mi familia.
Mi nombre es Arya Ashford, y durante años creí que la muerte de mis padres había destruido nuestra vida para siempre. Pero aquella noche descubrí que la verdad era mucho más peligrosa que cualquier pérdida.
La lluvia golpeaba las calles de Ashwick mientras nos llevaban al antiguo salón donde antes se celebraban fiestas de la nobleza. Esa vez, las luces no iluminaban una celebración.
Iluminaban una humillación.
Mis tres hermanas estaban junto a mí.
Celeste intentaba ocultar su miedo detrás de una mirada desafiante. Marina apenas soltaba la mano de Iris, la menor de todas, que todavía parecía esperar que nuestros padres aparecieran en cualquier momento para rescatarnos.
Pero ellos ya no volverían.
Tres semanas antes, habían sido encontrados sin vida en su estudio. Las autoridades dijeron que había sido una tragedia causada por los problemas económicos de mi padre.
Yo nunca lo creí.
Mi padre no era un hombre desesperado. Era un investigador obsesionado con la historia antigua, con los secretos de las familias nobles y con los vínculos que casi nadie recordaba.
La última noche que lo vi, me tomó del brazo y me dijo algo que jamás olvidé:
“Si algo sucede, protege a tus hermanas. No confíes en nadie de Ashwick.”
En ese momento no entendí sus palabras.
Ahora, mientras estábamos sobre aquella plataforma esperando que alguien decidiera nuestro destino, empezaba a comprender que mi padre sabía que algo terrible se acercaba.
El hombre que dirigía la subasta sonreía mientras anunciaba nuestros nombres.
No éramos personas para ellos.
Éramos una oportunidad.
Los compradores observaban desde sus asientos. Algunos eran comerciantes ricos. Otros eran hombres con demasiado poder y demasiados secretos.
Entonces vi a un hombre que hizo que mi corazón se encogiera.
El barón Thaddius Crowe.
Había intentado comprar a Iris por separado.
Mi hermana menor apretó mi mano con fuerza cuando escuchamos su oferta.
Fue en ese momento cuando las enormes puertas del salón se abrieron.
Todo quedó en silencio.
Las velas comenzaron a moverse como si una corriente invisible hubiera atravesado la habitación.
Un hombre entró lentamente.
Era alto, elegante y vestía completamente de negro. Pero lo que más llamó la atención fueron sus ojos.
Rojos.
No había duda.
Todos sabían quién era.
Dante Noctturn.
El rey vampiro del norte.
En nuestro mundo, los vampiros no eran cuentos para asustar niños. Eran reales. Poderosos. Y Dante era considerado uno de los seres más temidos de todos los territorios.
Incluso los hombres más arrogantes de aquella sala retrocedieron al verlo.
El subastador intentó fingir tranquilidad.
—Su majestad… qué inesperada sorpresa.
Dante ni siquiera respondió a sus palabras.
Solo miró hacia nosotros.
Y entonces dijo:
—Quiero a las cuatro hermanas Ashford.
Nadie respiró durante unos segundos.
El barón Crowe protestó inmediatamente. Él ya había hecho una oferta por Iris.
Dante simplemente lo miró.
Nada más.
Pero aquel hombre, que minutos antes parecía dueño de la situación, volvió a sentarse sin decir una palabra.
El rey vampiro hizo una oferta imposible de superar.
Pagó una enorme cantidad de dinero y además exigió que todas las supuestas deudas de nuestra familia fueran eliminadas.
Después nos liberó de las cadenas.
Yo no entendía nada.
¿Por qué un vampiro que apenas conocíamos había decidido salvarnos?
Cuando se acercó a nosotros, reuní valor y pregunté:
—¿Qué quiere de nosotras?
Por primera vez vi una expresión diferente en su rostro.
No era hambre.
No era crueldad.
Parecía preocupación.
—Quiero mantenerlas con vida —respondió—. Hay personas detrás de ustedes que todavía no han terminado su trabajo.
Aquellas palabras me dejaron helada.
Nos llevó a su castillo, Night Haven, un lugar enorme escondido entre las montañas. Era hermoso, pero también extraño.
Demasiado perfecto.
Nos dieron habitaciones, ropa nueva y comida caliente.
Todo parecía un sueño.
O una trampa.
Esa noche, durante la cena, finalmente obtuvimos algunas respuestas.
Dante sabía sobre nuestros padres.
Sabía que mi padre había descubierto algo importante antes de desaparecer.
Algo relacionado con nuestro apellido.
Algo que ciertas personas querían mantener oculto.
—Tu padre vino a verme meses antes de morir —dijo Dante—. Me pidió que protegiera a sus hijas si algo le ocurría.
Sentí que el mundo se detenía.
Mi padre había confiado en él.
Pero también me preguntaba qué más nos habían ocultado.
—¿Qué descubrió? —pregunté.
Dante permaneció en silencio unos segundos.
Luego dijo:
—Descubrió que la familia Ashford nunca fue una familia común.
Mis hermanas se miraron confundidas.
Yo sentí un escalofrío.
Porque en ese instante entendí algo.
La muerte de mis padres no había sido el final de nuestra historia.
Había sido el comienzo.
Y Dante Noctturn sabía un secreto sobre nuestra sangre que nosotros todavía no conocíamos.
PARTE 2
—Hace siglos, los Ashford tuvieron un papel que casi todos olvidaron —continuó Dante.
Nos explicó que nuestra familia había sido mucho más importante en el pasado de lo que los libros modernos decían.
Antes de que humanos y vampiros fueran enemigos, existió una alianza entre algunos clanes de ambos mundos.
Y los Ashford habían sido parte de ella.
Mi padre había dedicado años a investigar esos antiguos acuerdos.
Pero alguien no quería que esa verdad volviera a salir a la luz.
Entonces comprendí por qué nuestros padres habían sido apartados de nosotros.
No era por dinero.
No eran simples problemas familiares.
Habían descubierto algo que podía cambiar la historia.
Durante los siguientes días, permanecimos en Night Haven mientras intentábamos encontrar las pruebas que mi padre había escondido.
Dante no era el monstruo que todos imaginaban.
Era serio, distante y difícil de entender.
Pero cumplía sus promesas.
Y eso era algo que pocos humanos en Ashwick podían decir.
Una mañana, mientras revisábamos documentos antiguos, recibimos una noticia inesperada.
Una delegación había llegado al castillo.
Querían que Dante nos entregara.
Al frente estaba el barón Crowe.
El mismo hombre que había intentado comprarnos en la subasta.
Pero no estaba solo.
También estaba Vincent Rurk.
El antiguo asistente de mi padre.
El hombre que había entrado muchas veces en nuestra casa.
El hombre que nos había sonreído durante años.
Sentí un vacío en el pecho al verlo.
Porque entendí que alguien cercano a nuestra familia podía estar involucrado.
Ellos acusaron a mi padre de haber robado documentos importantes.
Era una mentira.
Dante lo sabía.
No permitió que nos llevaran.
—Las hermanas Ashford permanecerán bajo mi protección —declaró.
Después de que se fueron, recordé algo que mi padre me había dicho cuando era niña:
“La verdad siempre está escondida dentro de las historias.”
Entonces lo entendí.
Los libros.
La biblioteca de nuestra antigua casa.
Los cuentos que mi padre nos leía cada noche.
Regresamos en secreto a Ashwick para buscar la respuesta.
Encontramos el viejo libro que él siempre había usado para contarnos historias.
Parecía un simple libro infantil.
Pero mi padre siempre decía que las cosas importantes nunca estaban donde todos buscaban.
Al tocar la cubierta descubrí algo extraño.
Había un compartimento oculto.
Dentro estaba el verdadero legado de los Ashford.
Un libro antiguo con nuestro escudo familiar.
Cuando lo abrimos, descubrimos documentos que demostraban la existencia de aquella antigua alianza.
También encontramos las últimas notas de mi padre.
Él ya sabía que lo estaban siguiendo.
Sabía que la verdad podía poner en peligro a toda nuestra familia.
Pero también dejó un mensaje para nosotros.
Decía que debíamos confiar en Dante.
Porque él era una de las pocas personas que todavía recordaba cómo era el mundo antes del odio.
Regresamos a Night Haven con la prueba que necesitábamos.
Pero la batalla más difícil no sería encontrar la verdad.
Sería lograr que todos la aceptaran.
Días después, los enemigos de nuestra familia llegaron con un ejército.
Esperaban obligar a Dante a entregarnos.
Pero él tenía otro plan.
No quería responder con miedo.
Quería mostrar la verdad delante de todos.
Cuando las puertas del castillo se abrieron, humanos y vampiros se reunieron para escuchar las pruebas.
Yo caminé al frente con el libro de mi padre entre mis manos.
Tenía miedo.
Pero también tenía algo que nunca había tenido desde la pérdida de mis padres.
Esperanza.
Conté la historia de nuestra familia.
Mostré los documentos.
Revelé los nombres de quienes habían mantenido separado a ambos pueblos durante generaciones para conservar su poder.
Poco a poco, las dudas comenzaron a aparecer.
Las mentiras empezaron a caer.
Al final, comprendimos que nuestros padres no habían perdido la vida por una simple disputa.
Habían intentado proteger una verdad que podía unir dos mundos.
Mi familia no era solo un apellido antiguo.
Era un puente.
Y Dante Noctturn, el rey vampiro al que todos temían, terminó siendo la persona que nos ayudó a recuperar aquello que creíamos perdido.
Años después, cuando alguien me preguntaba cómo sobrevivimos aquella noche de la subasta, siempre respondía lo mismo:
“No fuimos salvadas por un rey vampiro.”
“Fuimos salvadas porque alguien todavía creía que la verdad merecía ser descubierta.”