“Creí que estaba hablando con mi hermano muerto… hasta que la tabla respondió: ‘SOMOS MUCHOS’”

“Creí que estaba hablando con mi hermano muerto… hasta que la tabla respondió: ‘SOMOS MUCHOS’”

PARTE 1

“Creí que estaba hablando con mi hermano muerto… hasta que la respuesta cambió para siempre”

Nunca imaginé que el dolor por perder a una persona pudiera abrir una puerta que jamás debería haber tocado.

Mi nombre es Julián, y durante muchos años viví con una pregunta que nunca desapareció de mi mente:

¿Qué harías si tuvieras la oportunidad de volver a hablar con la persona que más amas, aunque esa persona ya no esté en este mundo?

En mi caso, esa persona era mi hermano Luis.

Éramos gemelos. Desde pequeños tuvimos una conexión que incluso nuestra familia encontraba difícil de explicar. Podíamos saber cuándo el otro estaba triste, cuándo algo le ocurría o incluso cuándo necesitaba ayuda sin que nadie nos dijera nada.

Éramos dos personas, pero muchas veces sentíamos que compartíamos una misma vida.

Por eso, cuando lo perdí en 2011, sentí que una parte de mí desaparecía con él.

Tenía apenas 25 años y no estaba preparado para aceptar que nunca volvería a escuchar su voz, verlo sonreír o simplemente sentarme a conversar con él.

Frente a mi familia intentaba mantenerme fuerte. Decía que estaba bien, que con el tiempo las cosas mejorarían.

Pero la verdad era completamente diferente.

Cada noche pensaba en él.

Me preguntaba si estaría bien.

Si de alguna manera podía sentir que todavía lo extrañaba.

Fue en ese momento cuando cometí el error que cambiaría mi vida.

Un viejo conocido mío siempre había estado interesado en temas espirituales. Él hablaba de energías, de contactos con otros planos y de métodos para intentar comunicarse con quienes ya no estaban.

Cuando le conté cuánto extrañaba a Luis, me miró seriamente y me dijo algo que jamás olvidaré:

“Si realmente quieres buscar una respuesta, existe una forma”.

Entonces me mostró una tabla.

Al principio sentí miedo. Había escuchado muchas historias sobre ella, pero mi deseo de volver a sentir cerca a mi hermano era mucho más fuerte que mi temor.

Mi amigo me explicó cómo usarla y me dijo que debía hacerlo con mucho cuidado.

Yo guardé la tabla en mi habitación.

Durante varios días no me atreví a tocarla.

Pero algo extraño comenzó a suceder.

La dejaba en un lugar y después aparecía en otro.

Al principio intenté encontrar una explicación lógica.

Pensé que quizá yo mismo la había movido sin darme cuenta.

Pero después comenzó a pasar algo más extraño.

Una madrugada desperté sintiendo una presencia en mi habitación.

Abrí los ojos lentamente y observé que la tabla estaba junto a mi cama.

Exactamente a un lado de mis pies.

Yo sabía perfectamente que la había dejado en una repisa.

Fue entonces cuando pensé:

“Tal vez Luis está intentando comunicarse conmigo”.

Después de semanas luchando contra mis dudas, finalmente tomé una decisión.

Esa noche apagué las luces.

Encendí una vela.

Coloqué mis manos sobre la tabla y, con los ojos cerrados, pronuncié el nombre de mi hermano.

Durante unos segundos no ocurrió nada.

El silencio era absoluto.

Hasta que sentí algo extraño.

Un pequeño movimiento en mis manos.

La pieza comenzó a deslizarse lentamente.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

Entonces hice la pregunta que llevaba meses esperando hacer:

“¿Quién eres?”

Y la respuesta apareció lentamente frente a mis ojos.

No podía respirar.

No podía moverme.

Porque las letras que se formaron eran imposibles de ignorar.

La tabla estaba escribiendo un nombre.

El nombre de mi hermano.

Luis.

En ese instante comencé a llorar.

Después de tanto tiempo sentí que finalmente había encontrado la forma de volver a hablar con él.

Pero todavía no sabía que aquella respuesta no sería el final de mi búsqueda…

Sería el comienzo de algo mucho más extraño.

PARTE 2

Después de aquella primera noche, mi vida cambió completamente.

Durante horas hablé con Luis.

No sé cuánto tiempo pasó. Podían haber sido minutos o podían haber sido muchas horas.

Solo recuerdo que sentía una mezcla de felicidad y miedo.

Por primera vez desde su partida sentía que no estaba completamente solo.

Durante los días siguientes continué intentando comunicarme con él.

Al principio pensé que era una señal de amor.

Pensé que mi hermano había encontrado una manera de acercarse a mí.

Pero poco a poco comenzaron a ocurrir cosas que ya no podía explicar.

Mi madre y mi hermana empezaron a decir que algo extraño estaba pasando en la casa.

Escuchaban ruidos durante la noche.

Veían sombras pasar por los pasillos.

En ocasiones sentían como si alguien estuviera caminando dentro de la habitación de Luis.

Ellas no sabían lo que yo estaba haciendo.

No sabían que estaba intentando abrir una comunicación con él.

Yo trataba de tranquilizarlas.

Les decía:

“Es Luis. Está aquí con nosotros”.

Pero con el tiempo empecé a tener dudas.

Porque cuando veía a mi hermano, algo comenzó a cambiar.

Ya no siempre aparecía solo.

A veces lo veía acompañado de otras figuras.

Personas que no reconocía.

Presencias extrañas que me provocaban una sensación difícil de describir.

Entonces empecé a preguntarme:

¿Realmente estaba hablando con mi hermano?

¿O algo más había utilizado su rostro para acercarse a mí?

Una noche decidí comprobarlo.

Tomé la tabla y pregunté directamente:

“Necesito saber si realmente eres Luis”.

La respuesta tardó unos segundos.

Después apareció una instrucción.

Me pedía que mirara a través de la pequeña pieza de la tabla.

Lo hice.

Y en ese momento sentí que todo mi cuerpo se congelaba.

Frente a mí estaba Luis.

Sentado.

Mirándome.

Pero había algo diferente.

Desde el cuello hacia abajo permanecía completamente inmóvil.

No hablaba.

Solo sonreía.

Sus ojos parecían llenos de tristeza.

Intenté acercarme.

Intenté abrazarlo.

Pero no había nada.

Cuando aparté la mirada, desapareció.

Fue entonces cuando comprendí que aquello no era como yo había imaginado.

Con el paso del tiempo las cosas empeoraron.

La casa comenzó a sentirse diferente.

Había olores extraños.

Mi familia se sentía observada.

Las personas que visitaban la casa no permanecían mucho tiempo porque decían sentir algo extraño en el ambiente.

Finalmente, después de mucho sufrimiento, llegó la pregunta que cambiaría todo.

Volví a usar la tabla.

Quería una última respuesta.

Pregunté:

“¿Eres realmente Luis?”

Esperé.

La pieza comenzó a moverse.

Pero esta vez no escribió su nombre.

No escribió una explicación.

Solo aparecieron dos palabras.

Dos palabras que hicieron que mi corazón se detuviera:

“Somos muchos”.

En ese momento entendí que quizá nunca había estado hablando con mi hermano.

Quizá algo había aprovechado mi tristeza, mi dolor y mi desesperación para acercarse.

Durante años pensé que había encontrado una forma de recuperar a Luis.

Pero ahora creo que simplemente había abierto una puerta que nunca debí abrir.

Porque algunas pérdidas duelen tanto que nos hacen buscar respuestas.

Pero hay preguntas que, aunque tengamos la oportunidad de hacerlas…

es mejor dejarlas sin contestar.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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