Compró todos los asientos de un tren para viajar solo, pero una maestra apareció y descubrió el secreto que un rey vampiro había ocultado durante siglos

Compró todos los asientos de un tren para viajar solo, pero una maestra apareció y descubrió el secreto que un rey vampiro había ocultado durante siglos

PARTE 1

La noche en que Darius compró un tren entero para viajar solo, estaba seguro de que nada podría arruinar su plan.

Lo que no sabía era que una mujer desconocida iba a subir a ese vagón y cambiar todo lo que él creía saber sobre su propia existencia.

Darius Nightshade llevaba siglos evitando a las personas.

No porque las odiara, sino porque estaba cansado.

Cansado de escuchar conversaciones vacías, de sentir cómo todos a su alrededor le tenían miedo o intentaban aprovecharse de su poder.

Después de tantos años viviendo como el rey vampiro de los territorios del norte, había descubierto que había algo más valioso que el oro:

El silencio.

Por eso aquella noche de noviembre hizo algo que para cualquier persona normal parecía absurdo.

Compró todos los asientos del tren nocturno que viajaba hacia Ravencross.

Nadie más debía acompañarlo.

Quería unas horas de tranquilidad, sin preguntas, sin miradas curiosas y sin tener que fingir que era alguien común.

El tren antiguo esperaba en la estación cubierta por una espesa neblina.

Sus luces amarillas iluminaban lentamente el andén vacío.

Darius subió al vagón principal vestido con un elegante abrigo negro y se sentó junto a la ventana.

Todo era perfecto.

El tren comenzó a moverse.

Por primera vez en mucho tiempo, pensó que tendría una noche completamente tranquila.

Hasta que escuchó unos pasos corriendo detrás de él.

Alguien estaba intentando alcanzar el tren.

Una mujer.

Darius decidió ignorarlo.

No era su problema.

Pero unos segundos después, la puerta del vagón se abrió de golpe.

Una joven entró apresurada, respirando con dificultad, cargando una bolsa llena de documentos y libros.

Darius levantó la mirada.

Era imposible.

Él había comprado todos los lugares.

La mujer miró alrededor confundida.

—Qué extraño… pensé que habría más pasajeros.

Después acomodó sus lentes y se sentó como si nada hubiera pasado.

Darius la observó en silencio.

Isabel Reed no parecía alguien peligroso.

Era una maestra cansada, con el cabello desordenado por la carrera y una enorme cantidad de trabajos escolares dentro de su bolso.

No tenía idea de quién estaba sentado frente a ella.

Finalmente, Darius habló.

—Este vagón está reservado.

Ella levantó la vista.

—¿Reservado?

—Sí. Tendrá que buscar otro lugar.

Isabel miró alrededor.

No había ningún aviso.

No había ninguna razón para irse.

—Tengo boleto. Así que me quedaré aquí.

Darius no podía creerlo.

Durante siglos, nadie había ignorado una orden suya.

—Compré todos los asientos.

Isabel abrió los ojos sorprendida.

Luego soltó una pequeña risa.

—¿Compró todo un vagón para viajar solo?

—Sí.

—Eso es bastante extraño.

Cualquier otra persona habría guardado silencio.

Ella no.

Isabel le explicó que su automóvil se había descompuesto, que había caminado hasta la estación y que necesitaba llegar a Ravencross porque su hermana estaba esperando el nacimiento de su bebé.

No iba a bajarse.

Ni siquiera por un hombre arrogante que creía que podía comprar la soledad.

Darius aceptó dejarla quedarse, pero con una condición.

Silencio.

Funcionó durante pocos minutos.

Hasta que Isabel sacó una pila de trabajos y comenzó a revisarlos.

El sonido del papel y del bolígrafo empezó a llenar el vagón.

Darius cerró su libro lentamente.

—¿Siempre hace tanto ruido cuando trabaja?

Ella levantó la mirada.

—Estoy ayudando a mis alumnos.

—Podría hacerlo mañana.

—Mañana estaré con mi familia.

Darius la observó.

Era extraño.

Aquella mujer humana no parecía sentir miedo.

Lo trataba como a cualquier persona malhumorada.

Y eso despertaba una curiosidad que él no había sentido en mucho tiempo.

Intentó usar su habilidad.

Una voz tranquila capaz de influir en la mente de cualquier humano.

—Creo que estaría más cómoda en otro vagón.

Isabel parpadeó.

Lo miró confundida.

—¿Está intentando convencerme de algo?

Darius se quedó inmóvil.

Su poder no había funcionado.

Nunca había fallado.

Entonces ella acercó la mano a su frente.

—¿Se siente bien? Habla como si estuviera intentando hacer una imitación extraña de un vampiro.

En ese momento sus dedos tocaron la piel de Darius.

Y todo cambió.

Una luz plateada apareció entre ellos.

Darius vio imágenes que no comprendía.

Una luna enorme.

Una niña pequeña.

Personas con túnicas antiguas.

Un símbolo escrito bajo las estrellas.

Una conexión que parecía existir desde mucho antes de que ambos nacieran.

Los dos se separaron sorprendidos.

Pero antes de poder entender lo ocurrido, el tren comenzó a temblar.

Las luces parpadearon.

La puerta del vagón se abrió.

Tres personas vestidas de negro entraron lentamente.

Llevaban símbolos plateados alrededor del cuello.

Y no estaban mirando a Darius.

Estaban mirando a Isabel.

—Isabel Reed —dijo uno de ellos—. Finalmente te encontramos.

Ella retrocedió.

—¿Quiénes son ustedes?

El hombre miró a Darius.

—Personas que saben lo que realmente eres.

Darius se levantó.

Sus ojos cambiaron.

La verdad que Isabel todavía no podía aceptar apareció frente a ella.

El hombre que había conocido en el tren no era un extraño cualquiera.

Era un vampiro.

Y aquellos visitantes no habían llegado por casualidad.

El líder de los desconocidos dio un paso adelante y pronunció unas palabras que hicieron que Darius entendiera que la noche apenas estaba comenzando:

—Ella no es una simple humana. Ella es la última heredera de la sangre lunar.

Isabel tocó el pequeño colgante que llevaba desde niña.

Y justo cuando la joya comenzó a iluminarse, los cazadores levantaron sus armas y Darius comprendió que debía proteger a la mujer que, unas horas antes, había arruinado su viaje perfecto.

PARTE 2

La luz plateada del colgante de Isabel llenó el vagón mientras todos permanecían inmóviles.

Ella miraba sus propias manos sin entender qué estaba ocurriendo.

Toda su vida había pensado que era una persona normal.

Una maestra con una vida sencilla.

Pero ahora estaba frente a un vampiro y un grupo de cazadores que parecían conocer secretos sobre ella que ni siquiera ella sabía.

Darius actuó rápidamente.

Tomó a Isabel y escapó del tren antes de que los cazadores pudieran acercarse.

Cuando llegaron a un lugar seguro, ella tardó unos minutos en hablar.

—Entonces… realmente eres un vampiro.

Darius no intentó negarlo.

La verdad ya no podía ocultarse.

Pero también había una verdad más importante.

El poder de Isabel no era una coincidencia.

Su familia pertenecía a una antigua línea conocida como los Moonborn, personas capaces de resistir las habilidades vampíricas y mantener el equilibrio entre ambos mundos.

El problema era que Isabel no sabía nada de eso.

Ella había crecido en un orfanato.

El único recuerdo de su origen era el pequeño colgante que llevaba desde bebé.

Mientras avanzaban hacia Ravencross, comenzó a notar cambios extraños.

Podía ver en la oscuridad.

Podía moverse más rápido de lo normal.

Podía sentir cosas que antes eran invisibles para ella.

Darius estaba sorprendido.

Pero lo que más lo desconcertaba era otra cosa.

Isabel seguía siendo ella misma.

Seguía haciendo preguntas.

Seguía discutiendo con él.

Seguía tratándolo como un hombre complicado, no como un ser antiguo con poder suficiente para dominar a otros.

Cuando llegaron a la mansión de Darius, descubrieron antiguos documentos que revelaban la verdad.

Los Moonborn nunca habían existido para destruir vampiros.

Habían sido guardianes del equilibrio.

Su misión era evitar que humanos y vampiros terminaran enfrentados para siempre.

Pero algunas personas habían mantenido el conflicto porque se beneficiaban del miedo.

Por eso Isabel era una amenaza para quienes querían conservar esa división.

No porque fuera peligrosa.

Sino porque podía cambiarlo todo.

Entonces apareció una nueva revelación.

Isabel no había sido abandonada cuando era bebé.

Su madre la había dejado en un orfanato para protegerla.

Había esperado todos esos años escondida, esperando el momento correcto para regresar.

Cuando finalmente se reencontraron, Isabel entendió que su pasado siempre había sido una parte de una historia mucho más grande.

Pero todavía quedaba una decisión.

La profecía hablaba de una unión entre la sangre lunar y el rey vampiro.

De dos mundos que podrían dejar de vivir separados.

Darius esperaba que Isabel eligiera su propio camino.

No quería obligarla.

Por primera vez en siglos, no buscaba controlar el destino.

Buscaba compartirlo.

Isabel decidió que no sería una reina gobernada por una antigua profecía.

Sería alguien que elegiría ayudar porque creía que era correcto.

Con el tiempo, Ravencross comenzó a cambiar.

Los humanos y vampiros dejaron de verse solamente como enemigos.

Hubo conversaciones donde antes solo había miedo.

Hubo acuerdos donde antes solo existía desconfianza.

Isabel continuó siendo maestra.

Seguía preocupándose por sus alumnos.

Seguía siendo la mujer que corría para alcanzar un tren porque quería estar junto a su familia.

Y Darius ya no era el hombre que compraba vagones enteros para escapar del mundo.

Una noche, mientras observaban la ciudad iluminada bajo la luna, Isabel recordó aquel primer encuentro.

—Pensabas que comprando todos los asientos nunca tendrías que compartir tu vida con nadie.

Darius sonrió ligeramente.

—Y terminé encontrando a la única persona que se negó a irse.

Ella miró la luna sobre ellos.

Nunca imaginó que perder un tren cambiaría su destino.

Nunca imaginó que un encuentro extraño en un vagón vacío revelaría quién era realmente.

Pero algunas historias no comienzan cuando encontramos lo que buscamos.

A veces comienzan cuando aparece alguien que destruye todos nuestros planes.

 

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

Recommended for You

View Archive arrow_forward