Chica se casa con desconocido para huir de un feo; él es un magnate que la ama y la protege.

Contraté a un desconocido para fingir que era mi novio, pero en un programa de citas descubrí que llevaba diez años buscándome

PARTE 1

Mi madre llevaba meses amenazándome con organizarme una cita a ciegas.

—María Valentina, ya pasaste de los treinta. Si vuelves a casa sin novio, no me llames mamá.

Yo trabajaba como auxiliar de vuelo y pasaba la mitad de mi vida entre aeropuertos, pasajeros difíciles y horarios imposibles. Lo último que necesitaba era un hombre complicándome la existencia.

Sin embargo, para que mi madre dejara de presionarme, acepté conocer al joven que ella había elegido.

Cuando llegué al restaurante y vi a Gabriel Torres sentado frente a mí, casi me di la vuelta.

Ya lo conocía.

Días antes lo había confundido con un acompañante de lujo durante una noche desastrosa en un hotel. Él aseguraba que todo había sido un malentendido, pero su sonrisa descarada no inspiraba ninguna confianza.

—Así que tú eres mi cita —dije, cruzándome de brazos.

—Parece que el destino insiste en juntarnos.

—No te emociones. Solo necesito un favor.

Le propuse fingir que era mi novio durante unas semanas. Tendría que acompañarme a casa, soportar las preguntas de mis padres y actuar como si estuviera completamente enamorado de mí.

A cambio, yo le pagaría.

Gabriel aceptó demasiado rápido.

—Seré el mejor novio que hayas tenido.

—Serás el único novio contratado que he tenido. No confundas las cosas.

El problema comenzó cuando mi prima Lucía nos invitó a participar en un programa de citas llamado Amor a Primera Vista. El premio era suficiente para pagar varias deudas familiares, así que acepté sin pensarlo demasiado.

Creí que Gabriel solo iría como mi acompañante.

Pero al llegar descubrí que también sería concursante.

Y no era el único hombre de mi pasado dentro del programa.

Leonardo Mendoza, mi primer amor, apareció frente a las cámaras después de diez años sin vernos.

Leonardo y yo habíamos sido inseparables durante la preparatoria. Terminamos cuando él decidió irse al extranjero para buscar fortuna. Me prometió regresar, pero nunca lo hizo.

Ahora era un poderoso empresario.

Lo peor fue descubrir que Leonardo y Gabriel eran hermanos de padre, aunque habían crecido separados y se odiaban desde niños.

—María siempre fue mía —declaró Leonardo delante de todos.

Gabriel se puso de pie.

—Ella no es un objeto. Y ahora está conmigo.

—Solo eres su novio de contrato.

El estudio quedó en silencio.

Yo quería estrangular a ambos.

La rivalidad se volvió todavía peor cuando una mujer llamada Paola apareció embarazada y acusó a Gabriel de haberla abandonado. Mostró fotografías, mensajes y una supuesta reservación de hotel.

Las redes sociales lo condenaron antes de que pudiera defenderse.

Sin embargo, los peritos descubrieron que las imágenes habían sido creadas con inteligencia artificial. Paola terminó confesando que le habían pagado para destruir la reputación de Gabriel.

La persona detrás del montaje era alguien relacionado con la familia Torres.

A pesar del escándalo, el programa continuó. Leonardo intentaba reconquistarme recordándome nuestra juventud, mientras Gabriel convertía cada prueba en una oportunidad para acercarse a mí.

En una cena, cometí el error de usar detergente para platos como si fuera un condimento. Leonardo y Gabriel terminaron en el hospital, pero Gabriel, todavía pálido, me tomó la mano.

—Me gustas demasiado para culparte.

—Estás delirando por la intoxicación.

—No. Nunca he hablado tan en serio.

Poco después, una participante resentida trató de atacarme con un cuchillo durante una transmisión. Gabriel se interpuso y recibió la herida en mi lugar.

Mientras esperaba noticias afuera de la sala de urgencias, comprendí algo que me aterrorizó más que el ataque.

Ya no estaba fingiendo.

Cuando Gabriel se recuperó, llegó la grabación final. Cada mujer debía elegir al hombre con quien quería marcharse.

Yo busqué primero a Leonardo.

Le agradecí por haber sido mi primer amor, pero le dije que nuestro tiempo había terminado. Él sonrió con tristeza y me indicó dónde encontrar a Gabriel.

Lo hallé esperándome bajo una lluvia ligera, convencido de que yo había elegido a su hermano.

—Llegaste tarde —murmuró—. Pensé que no vendrías.

—Todavía no sé por qué hiciste todo esto.

Gabriel se acercó y sacó de su bolsillo una vieja pulsera de hilo rojo.

La reconocí de inmediato.

Había pertenecido a un adolescente al que salvé de morir ahogado muchos años atrás.

Gabriel me miró con los ojos llenos de lágrimas.

—Hace diez años sacaste a un muchacho del río. Ese muchacho… era yo.

PARTE 2

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

Recordaba perfectamente aquel día. Yo regresaba de clases cuando vi a un adolescente arrojarse desde un puente. Nadie se detuvo, así que corrí hasta el río y me lancé detrás de él.

Logré arrastrarlo hasta la orilla, pero se desmayó antes de decirme su nombre. Cuando llegó la ambulancia, me marché sin esperar nada a cambio.

Nunca imaginé que volvería a verlo.

—¿Me reconociste desde el aeropuerto? —pregunté.

Gabriel asintió.

—Nunca olvidé tu rostro. Tú no solo salvaste mi vida. También salvaste lo poco que quedaba de mí.

Me contó que, después de la muerte de su padre, su madre se había vuelto autoritaria y violenta. Le exigía las mejores calificaciones, controlaba cada minuto de su vida y castigaba cualquier error.

Aquel día, Gabriel creyó que desaparecer era la única forma de escapar.

—Después de que me salvaste, decidí seguir viviendo. Pasé años buscándote. Cuando finalmente te encontré, no sabía cómo acercarme sin asustarte.

Levanté la pulsera.

—Así que todo fue planeado.

—El encuentro sí. Enamorarme otra vez, no. Eso ocurrió sin que pudiera evitarlo.

Por primera vez, Gabriel no sonreía ni hacía bromas.

Solo parecía el muchacho asustado que había sacado del agua muchos años atrás.

Me acerqué y lo abracé.

—Eres un tramposo.

—¿Eso significa que me eliges?

—Significa que tendrás que pasar el resto de tu vida compensándome.

Gabriel me besó frente a las cámaras. El programa nos declaró la única pareja oficial de la temporada y nos entregó el premio. Parte del dinero fue destinado a un fondo para niños de comunidades rurales, algo que Gabriel propuso en recuerdo de la vida que yo le había ayudado a recuperar.

Nos casamos poco después.

La felicidad duró menos de una semana.

Teresa, la madre de Gabriel, llegó a nuestra casa acompañada de Camila Linares, la hija de una familia adinerada con quien pretendía casar a su hijo.

Teresa me observó como si yo fuera una mancha sobre sus muebles.

—Mi hijo es el heredero del Grupo Torres. Tú eres mayor que él, vienes de una familia humilde y no perteneces a nuestro mundo.

—Su hijo fue quien me persiguió —respondí—. Yo intenté espantarlo varias veces.

Teresa colocó un cheque sobre la mesa.

—Diez millones de euros. Divórciate de él y desaparece.

Tomé el cheque.

Gabriel abrió los ojos, horrorizado.

—María, no lo hagas.

—Es demasiado dinero para rechazarlo.

Salí de la casa sin mirar atrás.

Gabriel creyó que lo había vendido, pero la verdad era distinta. Yo no quería ser la razón por la que rompiera definitivamente con su madre. Sabía que él todavía cargaba las heridas de una infancia sin afecto y no quería obligarlo a elegir entre nosotras.

Firmamos el divorcio.

Teresa intentó comprometerlo con Camila, pero Gabriel se negó.

—Aunque fuera la última mujer del mundo, no me casaría con ella.

Luego abandonó la empresa familiar y desapareció durante varios días.

Mientras tanto, mi madre llegó a la ciudad para exigir explicaciones. Por una casualidad absurda, conoció a Teresa después de que esta sufriera un desmayo en la calle. Mi madre utilizó una antigua técnica de primeros auxilios que había aprendido de su abuelo y logró estabilizarla hasta que llegó la ambulancia.

En el hospital comenzaron hablando como desconocidas.

Terminaron descubriendo que eran las madres de los dos divorciados.

—¿Usted es la mujer que separó a mi hija de su esposo? —preguntó mi madre.

—Solo protegía el futuro de mi hijo.

—¿Y quién protege el corazón de mi hija?

Mi madre la enfrentó delante de todo el personal. Le dijo que el dinero no compraba dignidad y que una familia prestigiosa no era aquella que tenía una gran fortuna, sino aquella que respetaba las decisiones de sus hijos.

Teresa guardó silencio.

El susto la había obligado a enfrentarse a su propia soledad. Comprendió que llevaba años justificando su control con la frase “lo hago por tu bien”, sin preguntarse nunca qué quería realmente Gabriel.

Esa misma tarde me pidió perdón.

—Me equivoqué contigo. Vi cómo defendiste a mi hijo incluso cuando pensabas que él no estaba mirando. Si todavía lo amas, no volveré a interponerme.

No le prometí nada.

Primero debía encontrar a Gabriel.

Lo hallé en el pequeño bar donde habíamos tenido nuestra primera cita. Estaba ebrio, cantando una canción terrible con mi acento regional y anunciando a todo el mundo que había perdido a la única mujer que amaba.

Cuando me vio, creyó que estaba soñando.

—Hermosa, ¿viniste para burlarte de mí?

—Vine porque alguien me debe una boda.

Gabriel dejó caer el vaso.

—¿Qué dijiste?

—Que volvamos a casarnos.

Salió corriendo hacia mí, pero lo detuve con una mano.

—Tengo condiciones. No más secretos. No más decisiones impulsivas. Y nunca permitirás que otra persona decida nuestra vida.

—Acepto todo.

—Todavía no terminé.

—También acepto lo que falta.

Nos casamos por segunda vez en una ceremonia sencilla, acompañados por nuestras familias. Teresa cumplió su promesa y dejó de controlar a Gabriel. Incluso terminó llevándose sorprendentemente bien con mi madre, aunque discutían cada vez que se encontraban.

Leonardo regresó al extranjero para dirigir su propia empresa. Antes de partir, me dijo que siempre me amaría, pero que ahora entendía que amar también significaba dejar ir.

Él fue el amor que me enseñó a crecer.

Gabriel fue el amor que me enseñó a confiar nuevamente.

Durante años pensé que aquel rescate en el río había sido un incidente olvidado. Nunca supe que, al salvar a un adolescente desesperado, también estaba cambiando mi propio destino.

Gabriel todavía dice que una vida no será suficiente para agradecerme.

Yo siempre le respondo lo mismo:

—Entonces tendrás que amarme durante todas las que vengan.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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