“Bésame… él está mirando” — Ella no sabía que acababa de suplicarle al Rey Alfa.

PARTE 1

Nunca debí haber cruzado las puertas de la Corte de la Piedra Lunar.

Los Omega como yo no pertenecíamos a lugares como aquel. Nuestro destino era permanecer en las sombras, servir a los poderosos y agradecer que nos permitieran existir. Allí, bajo las enormes lámparas talladas con hueso de dragón, yo era solo otra figura invisible entre lobos que podían destruir reinos con una sola palabra.

Mi única intención era sobrevivir a la noche y marcharme sin que nadie recordara mi nombre.

Pero entonces lo sentí.

Ese viejo escalofrío recorrió mi nuca. Esa sensación que mi cuerpo conocía demasiado bien. La misma que aparecía antes del dolor, antes de las amenazas, antes de que alguien intentara recordarme que yo no era libre.

Mi ex estaba allí.

Lo vi entre las columnas de piedra, oculto parcialmente por las sombras. Sus ojos encontraron los míos inmediatamente y sentí como si una mano invisible cerrara mi garganta.

La cicatriz en su mandíbula brillaba bajo la luz de las antorchas. Su sonrisa era exactamente la misma que había perseguido mis pesadillas durante años.

Una sonrisa que decía: todavía eres mía.

El miedo se apoderó de mí.

Si descubría mi secreto, si alguien en aquella corte percibía lo que realmente había dentro de mí, todo terminaría. No era una Omega normal. Bajo mi piel existía una oscuridad antigua, una fuerza que mi propia manada había temido durante toda mi vida.

Me habían llamado monstruo.

Me habían dicho que nadie me elegiría jamás.

Y él había utilizado esas palabras para romperme poco a poco.

Di un paso atrás intentando alejarme, pero choqué contra alguien.

Una mano firme sujetó mi brazo antes de que cayera.

Levanté la mirada.

Un hombre alto estaba detrás de mí. Su presencia llenó el espacio como si toda la sala hubiera dejado de respirar. Sus ojos eran oscuros como los de un lobo salvaje, su cabello estaba adornado con trenzas de guerra y su armadura dorada reflejaba el fuego de las antorchas.

El rey Alfa Nathan.

El hombre más poderoso de todas las manadas.

Y en ese momento, desesperada, hice lo único que mi miedo pudo imaginar.

—Por favor… bésame —susurré—. Mi ex está mirando.

Durante un instante pensé que había cometido el mayor error de mi vida.

Pero Nathan no se apartó.

Una sonrisa lenta y peligrosa apareció en su rostro.

Entonces inclinó la cabeza y me besó delante de toda la corte.

El silencio fue absoluto.

Todos los Alfa, Beta y Omega presentes quedaron paralizados.

Porque el rey Alfa no estaba besando a una noble, ni a una guerrera famosa, ni a alguien digno de su posición.

Me estaba besando a mí.

Una Omega sin nombre.

Cuando se separó, su brazo permaneció alrededor de mi cintura como si aquel lugar siempre hubiera sido mío.

—Creo que esto responde muchas preguntas —dijo Nathan mirando hacia mi ex—. ¿No es así, Marcus?

Mi antiguo compañero apretó los puños con furia.

Pero Nathan no solo había protegido mi vida. También había utilizado aquel momento para cambiar una discusión política que podía iniciar una guerra. Con una sola acción había convertido mi presencia en una pieza imposible de ignorar.

—Ella está bajo mi protección —declaró.

Esas palabras hicieron que toda la sala cambiara.

Porque en la Corte de la Piedra Lunar, la protección del rey Alfa no era una simple promesa.

Era una advertencia.

Mi ex desapareció entre la multitud, pero antes de irse me lanzó una mirada llena de odio.

Una mirada que prometía que aquello no había terminado.

Nathan acercó sus labios a mi oído.

—Respira. Aquí no puede tocarte.

Por primera vez en muchos años, alguien decía esas palabras y yo quería creerlas.

Pero mientras él me guiaba lejos de la sala, comprendí algo aterrador.

Había escapado de un monstruo para caer en las manos del lobo más poderoso del reino.

Y cuando llegamos a la habitación privada del rey, Nathan finalmente hizo la pregunta que podía destruirlo todo:

—Explícame qué eres realmente… y por qué tu aroma acaba de cambiar de lluvia y lavanda a una tormenta capaz de despertar magia antigua.

No tuve tiempo de responder.

Porque en ese instante comprendí que mi secreto ya no estaba oculto.

La oscuridad dentro de mí había despertado.

PARTE 2

No había forma de esconderme más.

Durante años había aprendido a controlar mis emociones, a mantener mi poder dormido, a fingir que era una Omega débil que necesitaba protección.

Pero Nathan había visto la verdad.

Y lo peor era que no me miraba con miedo.

Me miraba con curiosidad.

En la sala privada del rey, cuatro personas esperaban respuestas. Eran los miembros más cercanos de Nathan: guerreros, estrategas y aquellos que podían decirle la verdad aunque fuera incómoda.

Entre ellos estaba una anciana vidente llamada Mera.

Desde el momento en que entró, mi instinto me gritó que huyera.

Ella extendió su mano hacia mí.

No quería tocarla.

Pero sus dedos rozaron mi muñeca.

Y entonces todo cambió.

Sus ojos ciegos se abrieron de golpe.

La temperatura de la habitación descendió.

La escarcha comenzó a cubrir la mesa de guerra.

—Sombra y corona… —susurró.

Todos quedaron inmóviles.

—La Omega oscura ha despertado. El antiguo linaje recuerda. La reina regresa.

Mi corazón se detuvo.

Antes de poder entender sus palabras, la energía dentro de mí explotó.

Las sombras salieron de mi cuerpo como criaturas vivas. Golpearon las paredes, hicieron temblar los cristales y llenaron la habitación con una oscuridad que ni siquiera yo podía controlar.

El miedo volvió.

Pero esta vez Nathan no se alejó.

Se colocó frente a mí.

Sujetó mi rostro entre sus manos.

—Mírame a mí.

Su voz atravesó el caos.

—No mires las sombras. Mírame.

Intenté respirar.

Intenté encontrar algo que no fuera terror.

Y poco a poco, la oscuridad comenzó a obedecer.

Cuando todo terminó, la habitación parecía haber sobrevivido a una tormenta.

Nathan me observó en silencio.

—Ya no podemos fingir que eres una Omega normal.

Sentí vergüenza.

Pero él negó lentamente.

—No eres un monstruo.

Aquellas palabras dolieron más que cualquier golpe.

Porque nadie me las había dicho antes.

Después descubrimos la verdad sobre mi pasado.

Mi ex sabía quién era realmente. Sabía sobre mi linaje y había intentado controlarme porque temía mi poder. No quería salvarme.

Quería poseerme.

Y ahora estaba intentando destruir mi reputación antes de que yo pudiera encontrar un lugar en la corte.

Nathan recibió cartas donde me llamaban bruja, amenaza y peligro para el reino.

Esperaba que él dudara.

Pero Nathan rompió una de ellas sin cambiar su expresión.

—Está intentando que tengas miedo y huyas.

—Quizás debería hacerlo —respondí.

Su mirada se volvió firme.

—No. Porque eso es exactamente lo que él quiere.

Esa noche descubrí que Nathan no solo era un rey.

También era alguien que entendía lo que significaba cargar con una oscuridad que otros temían.

Al amanecer comenzó mi entrenamiento.

No para convertirme en un arma.

Sino para dejar de ser una víctima.

Nathan me enseñó a controlar mis sombras, a defenderme y a confiar en mi propia fuerza.

Cada día descubría una parte de mí que creía perdida.

Hasta que una noche, cuando los rumores se volvieron más peligrosos, ocurrió lo que nadie esperaba.

Dos asesinos aparecieron en los pasillos de la fortaleza.

No iban por mí.

Iban por Nathan.

Vi las espadas dirigirse hacia él.

No pensé.

No dudé.

Mis sombras despertaron antes que yo.

Se lanzaron contra los atacantes y los detuvieron en el aire.

El pasillo quedó en silencio.

Nathan me miró sorprendido.

Porque por primera vez, mi poder no había nacido del miedo.

Había nacido de una elección.

Había salvado al hombre que todos creían que debía protegerme.

Y cuando finalmente quedamos solos, Nathan se acercó y tomó mi rostro con cuidado.

—¿Por qué hiciste eso?

Lo miré sin saber qué responder.

Porque la verdad era más peligrosa que cualquier magia.

Porque por primera vez en mi vida…

alguien me había elegido.

Y yo también estaba empezando a elegirlo a él.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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