Bebé del Rey Vampiro mordió la manga de la camarera — todos entraron en pánico, pero ella tiró de

La bebé vampira mordió a una mesera y todos esperaron que gritara… pero cuando la joven sonrió, el rey descubrió que su hija acababa de elegir a la primera Protectora humana en cuatrocientos años

PARTE 1

La bebé mordió la manga de Lena.

No fue fuerte.

Apenas la presión de dos pequeños colmillos sobre la tela.

Pero bastó para que toda la posada estallara.

—¡Vampiros!

Las sillas cayeron.

Alguien sacó un cuchillo.

Otro hombre gritó que mataran al desconocido de ojos plateados que sostenía a la niña.

Lena debería haber retrocedido.

En cambio, miró a la criatura aferrada a su muñeca.

No vio un monstruo.

Vio una bebé aterrada, cansada y con lágrimas enormes acumuladas en los ojos.

—Eh, pequeña…

Lena retiró lentamente la manga y sonrió.

La niña dejó de llorar.

Luego hizo algo todavía más extraño.

Se inclinó hacia Lena y estiró los brazos para que la cargara.

El hombre encapuchado palideció.

—No…

—¿Qué pasa?

—Ella nunca hace eso.

Lena aceptó a la pequeña.

Instantáneamente se acurrucó contra su pecho.

El hombre la condujo fuera de la posada mientras la tormenta golpeaba las calles.

—Me llamo Darío Varela.

—Yo soy Lena Morales. Y necesito volver a trabajar.

—Tu trabajo acaba de dejar de ser tu mayor problema.

Darío miró a su hija.

—Ella se llama Mira.

Después pronunció unas palabras que Lena creyó absurdas.

—Mi hija te ha elegido como su Protectora.

Cuatro siglos atrás habían existido humanos capaces de crear vínculos extraordinarios con miembros de la familia real vampírica.

Podían sentir peligro.

Crear barreras.

Percibir las emociones de aquellos a quienes protegían.

Pero los antiguos clanes vampíricos comenzaron a temer su influencia.

Los Protectores fueron exterminados.

Ninguno había aparecido desde entonces.

—Yo sirvo sopa —protestó Lena—. No tengo poderes.

—Mira no permitiría que nadie la cargara. Ni sirvientes. Ni nobles. Ni cuidadores vampiros.

La bebé agarró un mechón del cabello de Lena.

—Contigo está tranquila.

Darío le ofreció una última oportunidad.

Podía marcharse antes de que el vínculo terminara de formarse.

Pero si decidía quedarse, entraría para siempre en un mundo donde existir ya sería suficiente para convertirla en objetivo.

Entonces Lena descubrió quién era realmente aquel hombre.

Darío Varela no era un viajero.

Era el rey vampiro.

Y Mira era la heredera del reino.

Lena debería haber huido.

Miró a la bebé.

—No voy a abandonarla esta noche.

Aquella decisión bastó.

Horas después ya escapaban porque otros vampiros habían visto lo ocurrido.

Llegaron finalmente a la capital, una ciudad de torres oscuras llamada Corvagrís.

Allí Lena descubrió por qué todos temían tanto su existencia.

Lady Sara, la integrante más poderosa del Consejo, creía que los humanos estaban destinados a servir a los vampiros.

Una Protectora humana vinculada a la futura reina podía cambiar eso.

Lena fue llevada ante siete nobles ancestrales.

—Demuestra que eres una Protectora —ordenó Sara.

—No puedo hacer aparecer mi magia cuando quiero.

Sara sonrió.

—Entonces hagamos que quieras.

Dos guardias avanzaron hacia Mira.

Lena retrocedió.

—No la toquen.

—Entréganos a la niña —dijo Sara—. Solo observaremos tu reacción.

Darío se levantó.

—Nadie toca a mi hija.

—¿Incluso si eso demuestra que esta humana dice la verdad?

Sara volvió los ojos hacia Lena.

—Una verdadera Protectora haría cualquier cosa para mantener segura a la heredera.

Después hizo una señal.

Los guardias avanzaron.

Mira comenzó a llorar.

Y justo cuando uno de ellos extendió la mano hacia la bebé…

algo dentro de Lena despertó.

PARTE 2

El aire explotó.

Una barrera plateada apareció alrededor de Lena y Mira.

El primer guardia salió despedido varios metros.

El segundo cayó de rodillas.

Las siete figuras del Consejo quedaron inmóviles.

Lena también.

—Yo… no hice eso conscientemente.

Lady Sara perdió la sonrisa.

Lord Marcos, uno de los consejeros más antiguos, se levantó.

—La barrera es real.

—Podría ser magia del rey —respondió Sara.

—No lo es —dijo Darío.

Sus ojos plateados ardían de furia.

—La prueba ha terminado.

Sara propuso entonces mantener a Lena bajo observación durante un mes.

Darío se negó.

—No es una prisionera.

Tomó a Mira y señaló la salida.

—Y nadie volverá a utilizar a mi hija para satisfacer la curiosidad del Consejo.

Mientras se marchaban, Sara dijo:

—Esto no ha terminado, majestad.

Darío ni siquiera se giró.

—Lo sé.

Aquella noche hizo llamar a Korián, un vampiro tan viejo que recordaba personalmente a los últimos Protectores.

Él había sido criado por una de ellos.

Helena.

—Ella murió protegiéndome —contó.

Lena tragó saliva.

—Entonces las historias son ciertas. Todos los Protectores terminan muriendo.

—No.

Korián negó.

—Helena no murió porque la magia la obligara. Murió porque eligió salvar a alguien que amaba.

Después le explicó algo que nadie más había mencionado.

Los Protectores no habían existido únicamente para detener ataques.

Su verdadero propósito era mantener equilibrados a los vampiros reales.

—Los de su sangre sienten todo con demasiada intensidad. Hambre. Ira. Dolor. Ambición. Sin algo que les recuerde la compasión, terminan convirtiéndose exactamente en los monstruos que los humanos temen.

Korián señaló a Mira.

—Tú no solo protegerás su cuerpo. Ayudarás a formar la clase de reina que será.

Entonces Lena comprendió por qué Sara la odiaba.

Los antiguos herederos vinculados a Protectores habían abolido abusos.

Protegido aldeas humanas.

Modificado leyes.

Algunos incluso habían creado matrimonios entre ambas especies.

Lena no amenazaba el reino con una espada.

Lo amenazaba porque podía enseñar a la futura reina que una vida humana valía tanto como una vampírica.

—Quiero aprender —dijo.

Korián sonrió.

—Eso esperaba.

Durante semanas entrenó hasta que podía mantener una barrera sin esperar a sentir pánico.

Aprendió a percibir peligro.

A escuchar silencios extraños.

A detectar cambios diminutos en el comportamiento de Mira.

Y mientras el vínculo con la niña crecía, algo inesperado comenzó también a ocurrir con Darío.

Lena descubrió al hombre debajo del rey.

Lo veía pasar noches enteras junto a la cuna de Mira.

Lo veía alimentar personalmente a su hija cuando nadie observaba.

Una noche, durante una cena tranquila, le habló finalmente de Isidora.

Su esposa.

La madre de Mira.

—Murió durante el parto.

Darío miró fijamente su copa.

—Puedo destruir ejércitos. Tengo riquezas suficientes para comprar ciudades. Y aun así no pude salvar a la mujer que amaba.

Lena tomó su mano.

Estaba fría.

—No pudiste salvarla. Pero ella te dejó a Mira.

Él levantó la mirada.

—Y durante meses casi la pierdo también.

Después de la muerte de Isidora, Mira rechazaba prácticamente a todos.

Lloraba durante horas.

Apenas dormía.

Darío comenzó a viajar secretamente buscando médicos, hechiceros y cuidadores.

Aquella tormenta lo había obligado a detenerse en la posada donde trabajaba Lena.

—Entonces mi vida cambió porque llovía.

—Mi vida cambió porque mi hija decidió morderte.

Lena rio.

Darío también.

Fue la primera vez que ella escuchó hacerlo.

Pero Korián tenía razón sobre Sara.

Su silencio significaba que estaba preparando algo.

El ataque llegó durante una reunión pública del Consejo.

Mira estaba en brazos de Lena cuando sintió la señal antes de ver el peligro.

Frío.

Un frío brutal recorriendo la columna.

—¡Darío!

Una flecha negra salió desde una galería superior.

No apuntaba al rey.

Apuntaba a Mira.

Lena levantó ambas manos.

La barrera apareció.

La flecha se hizo pedazos.

Entonces cinco guardias del Consejo se volvieron contra los soldados reales.

El salón estalló.

Sara permanecía sentada.

Demasiado tranquila.

—¡Fuiste tú! —gritó Lena.

Sara se levantó lentamente.

—Era necesario.

Darío atacó primero.

Pero Lord Von y otros dos consejeros lo interceptaron.

Sara caminó hacia Lena.

—¿Sabes cuál fue el error de nuestros antepasados?

—¿Asesinar gente inocente?

—Permitir que los Protectores tuvieran influencia.

Mira lloraba contra el pecho de Lena.

—Los humanos hicieron débiles a nuestros reyes. Les enseñaron culpa. Misericordia. Igualdad.

—Lo dices como si fueran enfermedades.

—Para un imperio lo son.

Sara levantó una daga.

—Cuando tú mueras, el vínculo se romperá.

Lena recordó las palabras de Korián.

Los Protectores habían muerto porque habían elegido.

Pero ella también había hecho otra promesa.

Encontraría una forma de proteger a Mira y sobrevivir.

Sara atacó.

Lena no bloqueó la daga.

Desvió la barrera hacia el suelo.

La energía golpeó las piernas de Sara y la hizo perder el equilibrio.

Lena corrió.

No hacia la puerta.

Hacia el centro del salón.

—¡Mira no necesita que yo muera por ella!

Su voz atravesó el combate.

—Necesita que viva para enseñarle que proteger a alguien no significa destruirse.

Korián apareció desde las sombras.

—Ahora lo entiendes.

La barrera de Lena cambió.

Ya no formaba únicamente un escudo alrededor de ella.

Se extendió por toda la sala.

Cubrió a Mira.

A Darío.

A los sirvientes humanos.

Incluso a varios consejeros que no habían participado en la rebelión.

Sara la observó incrédula.

—¿Por qué los proteges a ellos?

Lena respiraba con dificultad.

—Porque ser Protectora no significa decidir quién merece vivir.

Lord Marcos bajó lentamente su espada.

Después otro consejero hizo lo mismo.

La rebelión empezó a fracturarse.

Darío derrotó a Lord Von.

Sara intentó escapar.

Los propios guardias del Consejo la detuvieron.

Las pruebas aparecieron después.

Cartas.

Órdenes.

Pagos.

Sara había organizado ataques anteriores para demostrar que la presencia de Lena desestabilizaba el reino.

También había financiado grupos que querían mantener separados a humanos y vampiros.

El Consejo la destituyó.

Darío tuvo fuerza suficiente para ordenar su ejecución.

No lo hizo.

—Será juzgada públicamente.

Sara rio.

—Esa humana ya te está haciendo débil.

Darío miró a Lena.

Luego a Mira.

—No.

Volvió hacia Sara.

—Me está recordando que poder elegir misericordia cuando todos esperan crueldad requiere más fuerza que matar.

Eso cambió más que cualquier batalla.

Durante los meses siguientes, Darío reformó el Consejo.

Los asentamientos humanos obtuvieron representantes.

Las leyes que permitían a nobles vampiros alimentarse de personas sin consentimiento fueron abolidas.

Korián comenzó a buscar posibles descendientes de antiguas familias de Protectores.

No para convertirlos en armas.

Para devolverles una historia que les había sido robada.

Y Lena permaneció junto a Mira.

No como sirvienta.

No como propiedad de la corona.

Como Protectora por elección.

La niña creció.

Aprendió a caminar agarrándose primero de los dedos de Lena.

Después aprendió a decir su nombre.

—Le… na.

Darío estaba presente.

—Eso es injusto —protestó—. Soy su padre.

Lena rio.

—Tal vez deberías ser más interesante.

—Soy el rey.

—Exactamente mi argumento.

Darío terminó riéndose también.

Tiempo después, una noche tranquila, él encontró a Lena en el balcón con Mira dormida sobre su pecho.

—Hay algo que debo preguntarte.

—Eso siempre suena peligroso cuando viene de un rey vampiro.

—No como rey.

Se colocó frente a ella.

—Como Darío.

Lena dejó de bromear.

—Podrías marcharte si quisieras. El vínculo con Mira ya está estable. Korián cree que podría soportar cierta distancia.

—¿Quieres que me vaya?

—No.

La respuesta llegó demasiado rápido.

Darío bajó la mirada.

—Eso es precisamente lo que me asusta. No quiero que permanezcas aquí porque mi hija te necesita. No quiero que confundas deber con…

—¿Con qué?

Él tardó varios segundos.

—Con querer quedarte conmigo.

Lena observó al hombre que había conocido empapado bajo una tormenta.

El rey aterrador.

El padre asustado.

El viudo que todavía hablaba de Isidora con amor.

—Mira me eligió primero —dijo.

Darío asintió.

—Lo sé.

—Pero tú no eres Mira.

—No.

Lena sonrió.

—Entonces, si algún día te elijo, tendrás que ganártelo tú solo.

Darío pareció sorprendido.

Después sonrió.

—Acepto las condiciones.

—No he terminado.

—Por supuesto que no.

—No más decidir por mí. No más “soy el rey”.

—Eso será difícil.

—Practica.

Darío rio.

Mira se despertó con el sonido.

Abrió los ojos, vio a ambos y mostró sus pequeños colmillos en una sonrisa.

Después agarró la manga de Lena.

Exactamente como aquella primera noche.

Lena bajó la mirada.

—No muerdas.

Mira mordió de todos modos.

Darío soltó una carcajada.

Y Lena comprendió algo.

Aquel mordisco en una posada no había marcado el momento en que perdió su antigua vida.

Había marcado el momento en que alguien que todavía no sabía hablar había confiado en ella sin condiciones.

Los viejos vampiros habían creído que los Protectores eran peligrosos porque podían cambiar a los futuros gobernantes.

Tenían razón.

Pero habían comprendido mal la razón.

La verdadera amenaza nunca había sido la magia.

No eran las barreras.

Ni la fuerza.

Ni la capacidad de detectar enemigos.

Era algo mucho más difícil de controlar.

Una niña destinada a gobernar había aprendido desde sus primeros años que una humana podía ser su lugar más seguro.

Y algún día, cuando Mira se sentara en el trono…

recordaría exactamente quién había sonreído cuando todo el mundo esperaba que tuviera miedo.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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