Bañaba al Rey Alfa Cada Noche… Hasta que Él Abrió los Ojos y Dijo “Sé lo que Eres”

PARTE 1
Durante tres meses cuidé del hombre más peligroso del reino sin que él supiera quién era realmente.
O eso creía yo.
Cada noche entraba en la habitación del rey Byron con una bandeja de agua caliente, un paño limpio y la misma mentira preparada en mis labios.
Era solo una sirvienta.
Una mujer sin importancia.
Alguien que simplemente cumplía órdenes.
Pero la verdad era mucho más peligrosa.
Yo era una Holloworn.
Una criatura cuya sangre podía calmar a los lobos bajo la piel de los guerreros más poderosos. Una habilidad que mi familia había escondido durante generaciones porque aquellos que descubrían nuestro secreto no solían dejarnos vivir.
Y ahora estaba dentro del palacio.
Cuidando al rey.
El mismo rey que todos creían condenado a morir.
Byron llevaba meses inconsciente después de una misteriosa enfermedad que ningún sanador podía curar. Los médicos decían que su cuerpo luchaba, pero que la esperanza era cada vez menor.
Yo sabía que no era una enfermedad.
Era veneno.
Y no estaba allí para salvarlo por compasión.
Estaba allí porque mi hermana Liv estaba encerrada en las mazmorras del palacio.
La habían acusado de robo.
Pero yo sabía que era una mentira.
Alguien había usado el mismo veneno que estaba matando lentamente al rey para destruir a mi familia.
Por eso acepté ese trabajo.
Necesitaba acceso.
Necesitaba descubrir la cura.
Necesitaba mantener viva a la única persona que todavía me quedaba.
Cada día repetía la misma rutina.
Calentaba el agua.
Limpiaba sus heridas.
Revisaba su respiración.
Escuchaba los latidos de su corazón.
Y fingía que no notaba lo extraño que era aquel hombre.
Incluso inconsciente, Byron parecía una fuerza imposible de detener.
Su cuerpo estaba marcado por cicatrices de antiguas batallas.
Parecía un guerrero que había sido construido para sobrevivir.
Y odiaba admitirlo, pero era difícil apartar la mirada.
Especialmente porque él no podía verme.
O eso pensaba.
Aquella noche una tormenta golpeó el palacio.
Mientras limpiaba su pecho, un trueno hizo vibrar las ventanas.
Entonces ocurrió algo que nunca había visto.
El cuerpo del rey se tensó.
Sus dedos se cerraron con fuerza.
Y unas garras negras aparecieron lentamente desde sus uñas.
Me quedé inmóvil.
Cualquier otra persona habría gritado.
Habría llamado a los guardias.
Pero yo hice algo que ni siquiera yo entendí.
Puse mi mano sobre su pecho.
—Tranquilo… estás a salvo.
El efecto fue inmediato.
Las garras desaparecieron.
Su respiración volvió a ser estable.
El lobo dentro de él se calmó.
Pero cuando retiré mi mano comprendí mi error.
Me había acercado demasiado.
Había olvidado que aquel hombre no era simplemente un paciente.
Era el rey.
Y si descubría quién era yo, mi vida terminaría.
Entonces sentí algo extraño.
Su mano cerró mi muñeca.
Mi corazón dejó de latir durante un segundo.
No era un movimiento débil de alguien despertando.
Era el agarre de alguien que llevaba mucho tiempo esperando.
Sus ojos se abrieron.
Pero no eran ojos confundidos.
Eran ojos completamente despiertos.
Azules como el hielo con un brillo dorado de depredador.
Me miró directamente.
Y sus primeras palabras hicieron que todo mi mundo se derrumbara.
—Conozco tu secreto.
Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.
Imposible.
Había estado inconsciente durante meses.
Yo había controlado cada palabra.
Cada movimiento.
Cada visita.
—Majestad… está confundido —susurré.
Pero él sonrió.
Una sonrisa tranquila.
Peligrosa.
—No estoy confundido, Mave.
Escuchar mi nombre en sus labios fue peor que cualquier amenaza.
—He estado esperando que cometieras un error.
Mi respiración se detuvo.
Entonces Byron apretó ligeramente mi muñeca.
—Sé lo que eres.
El silencio llenó la habitación.
Y por primera vez entendí algo aterrador.
El mayor peligro no era que el rey despertara.
El verdadero peligro era que había estado escuchándome todo este tiempo.
PARTE 2
No podía moverme.
Durante semanas había pensado que estaba cuidando a un hombre inconsciente.
Pero la realidad era completamente diferente.
Byron había estado despierto.
Había escuchado mis susurros.
Mis planes.
Mis desesperadas conversaciones conmigo misma.
Incluso había escuchado hablar de Liv.
—¿Cuánto tiempo llevas así? —pregunté intentando mantener la calma.
—Lo suficiente.
Su voz era débil por el tiempo sin usarla, pero su mirada era la de un rey que todavía tenía el control.
—Escuché cómo hablabas de tu hermana. La celda siete. Cuarta puerta a la izquierda.
Sentí un frío recorrer mi cuerpo.
Había sido cuidadosa.
O eso creía.
—También sé que has estado robando medicinas del almacén.
No respondí.
Porque era verdad.
Byron bajó la voz.
—Intentabas encontrar una cura para ella.
Por primera vez no parecía estar acusándome.
Parecía entenderme.
—El mismo veneno que está en mi cuerpo está en el de tu hermana.
Mis ojos se abrieron.
—¿Qué?
—Creo que quien me hizo esto también intentó matarla.
Todo cambió en ese instante.
Ya no éramos enemigos.
Éramos dos personas atrapadas por el mismo enemigo.
Byron me soltó lentamente.
—Necesito tu ayuda.
Solté una pequeña risa sin humor.
—¿Ahora confías en mí?
—No.
Su respuesta fue inmediata.
—Pero necesito a alguien en quien mis enemigos no sospechen.
Me miró fijamente.
—Y tú necesitas salvar a tu hermana.
No tenía elección.
Pero tampoco podía confiar completamente en él.
—¿Qué quieres que haga?
—Descubre quién me envenenó.
Se incorporó con dificultad.
Cada movimiento parecía costarle una batalla.
—Cuando recupere mi trono, liberarás a Liv.
Era una promesa peligrosa.
Porque los reyes podían romper promesas.
Pero había algo en sus ojos que me hizo dudar.
No era arrogancia.
Era determinación.
Acepté.
Pero había una condición.
—Nadie puede saber que estás despierto.
Byron sonrió ligeramente.
—Por fin estamos de acuerdo en algo.
Durante los siguientes días continuamos la mentira.
Yo seguía limpiándolo.
Los guardias seguían creyendo que dormía.
Los enemigos seguían pensando que tenían ventaja.
Pero ahora cada gesto tenía un significado diferente.
Cada palabra podía ser una pista.
Descubrimos que alguien había cambiado el agua del rey.
Alguien con acceso al palacio.
Alguien cercano.
La primera sospecha cayó sobre Colin, el consejero principal.
Un hombre que había intentado tomar el control del reino después de la caída de Byron.
Pero necesitábamos pruebas.
Entonces llegó Petra, la sanadora principal.
Su mirada era demasiado inteligente.
Demasiado observadora.
Cuando salió de la habitación, Byron abrió los ojos.
—Revisó todo.
—¿Qué encontraste?
Miré la jarra de agua.
—Algo cambió.
Byron tomó la jarra.
—Entonces tenemos nuestra primera pista.
Sabía que era una locura.
Sabía que su cuerpo ya estaba debilitado.
Pero antes de que pudiera detenerlo, bebió.
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Luego su respiración cambió.
Sus ojos se abrieron con dolor.
El veneno había despertado.
Corrí hacia él.
Puse mis manos sobre su pecho.
Dejé que mi poder fluyera.
Su lobo luchó contra mí.
Después se calmó.
Pero esta vez ocurrió algo diferente.
Byron abrió los ojos.
Ya no eran solamente azules.
El dorado del lobo había tomado completamente su mirada.
Me sostuvo la mano.
Y susurró:
—Mave…
Su voz era apenas un hilo.
—Creo que quien hizo esto no solo quería verme morir.
Me acerqué.
—¿Entonces qué quería?
Byron me miró con una expresión que mezclaba furia y miedo.
—Quería que despertara.
Un silencio terrible llenó la habitación.
Porque ambos comprendimos la misma cosa.
Alguien dentro del palacio sabía que él sobreviviría.
Alguien había estado esperando este momento.
Y ahora que el rey estaba despierto…
El verdadero juego acababa de comenzar.