Aceptó trabajar como niñera en una mansión misteriosa… pero descubrió que el dueño sabía un secreto sobre ella
Aceptó trabajar como niñera en una mansión misteriosa… pero descubrió que el dueño sabía un secreto sobre ella

PARTE 1
Acepté trabajar como niñera en una mansión misteriosa… sin saber que el dueño conocía mi secreto
Lo primero que sentí al llegar a la mansión Blackthorne fue un extraño olor a metal.
No era algo fuerte.
Era una sensación ligera, mezclada con el frío de la noche y el aroma de la madera antigua.
Pero hizo que mi cuerpo se tensara.
Como si algo dentro de mí reconociera aquel lugar antes que mi mente.
Me llamo Aera Voss y aquella noche no estaba buscando una aventura.
Estaba huyendo.
Había pasado meses intentando desaparecer de la vida de las personas que me buscaban.
No tenía mucho dinero.
Mis cuentas estaban vacías.
Y cada día era más difícil fingir que todo estaba bien.
Entonces apareció aquella oferta de trabajo.
“Niñera interna para tres niños. Residencia privada. Excelente salario. Confidencialidad absoluta.”
Parecía demasiado bueno para ser verdad.
Pero cuando una persona está desesperada, las oportunidades extrañas empiezan a parecer milagros.
Acepté.
Aunque había una cosa que nunca dejé atrás.
Un pequeño anillo de plata que llevaba colgado al cuello.
Era lo único que conservaba de mi pasado.
Incluso cuando tuve problemas económicos, jamás pensé en venderlo.
Mi madre me lo había dejado antes de morir.
Nunca me explicó su origen.
Solo me pidió que lo protegiera.
Cuando llegué frente a la mansión, entendí por qué el anuncio pedía discreción.
Blackthorne no parecía una casa.
Parecía un lugar detenido en el tiempo.
Las enormes puertas de madera parecían más una advertencia que una entrada.
El viento movía los árboles alrededor del terreno y por un momento tuve la sensación de que la propia mansión sabía que yo estaba allí.
Respiré profundo y toqué la puerta.
El sonido desapareció dentro de la madera.
Esperé.
Nada.
Entonces las puertas se abrieron lentamente.
Y allí estaba él.
Lucian Blackthorne.
El dueño de la propiedad.
El hombre del que todos hablaban en voz baja.
Era más alto de lo que imaginaba.
Vestía completamente de negro.
Su rostro era serio, casi imposible de leer.
Pero lo que más llamó mi atención fueron sus ojos.
Grises.
Fríos.
Como si pudiera descubrir cada mentira que una persona intentaba esconder.
No me saludó.
No sonrió.
Solo me observó.
—Aera Voss —dijo finalmente.
Escuchar mi nombre en su voz me provocó un extraño escalofrío.
—Vengo por el puesto de niñera.
Sus ojos bajaron hacia mi bufanda, mis manos cubiertas y el pequeño bolso que llevaba.
Era una mirada demasiado detallada.
Como si estuviera buscando algo.
—Llegaste antes de lo esperado.
—Preferí no arriesgarme a llegar tarde.
No respondió.
Solo se hizo a un lado.
—Entra.
Al cruzar la puerta sentí algo extraño.
La casa estaba caliente.
Pero no se sentía acogedora.
Era como si todo estuviera perfectamente controlado.
Los muebles.
La iluminación.
Incluso el silencio.
Lucian caminó por los pasillos sin hacer ruido.
La agencia me había contado que era un hombre rico, viudo y reservado.
Un padre que casi nunca estaba presente.
Pero nada de eso explicaba la sensación que me daba estar cerca de él.
Llegamos a una biblioteca enorme.
Los libros cubrían casi todas las paredes.
Sobre una mesa había tres dibujos infantiles.
Los miré con curiosidad.
Uno mostraba una casa.
Otro una figura humana.
El tercero era diferente.
Era una criatura con demasiados dientes.
—Son de mis hijos —dijo Lucian.
—¿Están aquí?
Su respuesta fue extraña.
—Siempre están aquí.
No supe qué quiso decir.
Antes de poder preguntar, sentí que alguien nos observaba.
Tres niños aparecieron en la puerta.
Eran hermosos, pero había algo extraño en ellos.
Parecían demasiado serios para su edad.
El mayor tomó la mano de una pequeña niña.
El tercero permaneció separado.
Mirándome fijamente.
Especialmente a mi cuello.
—Ella huele a secreto —dijo.
Sentí un golpe frío en el pecho.
Intenté sonreír.
—¿Eso significa algo bueno?
El niño no respondió.
Solo siguió mirándome.
Lucian giró lentamente hacia él.
Y por primera vez vi una emoción diferente en su rostro.
Reconocimiento.
Esa noche conocí a Rowan, Leela y Silas.
Tres niños que parecían necesitar una familia más que una niñera.
Me llevaron a una pequeña sala llena de plantas donde pasaban el tiempo cuando algo los asustaba.
—¿Por qué se esconden aquí? —pregunté.
Rowan bajó la mirada.
—Cuando él se enoja.
Sentí que el ambiente cambiaba.
—¿Lucian?
Silas negó.
—Cuando tiene hambre.
No quise preguntar más.
Porque había palabras que una persona normal no debería escuchar en una casa normal.
Pero Blackthorne no era una casa normal.
Más tarde, mientras intentaba dormir, escuché un ruido.
Un sonido extraño en los pasillos.
Como si alguien caminara lentamente afuera de mi habitación.
Entonces recordé una regla que Lucian me había dado:
No salir después de la noche.
No entrar al ala oeste.
Y no hacer preguntas sobre la familia.
Pero algo estaba ocurriendo.
Escuché a los niños moverse.
Escuché susurros.
Cuando abrí la puerta, vi que la oscuridad del pasillo parecía avanzar.
Los niños estaban asustados.
Y entonces una voz llegó desde la sombra.
No era Lucian.
Era alguien más.
Alguien que había entrado sin permiso.
Los niños corrieron a esconderse.
Yo los seguí.
Desde una pequeña puerta oculta observé cómo una figura alta aparecía en la sala.
Parecía un hombre.
Pero había algo incorrecto en él.
Su piel era demasiado pálida.
Sus ojos tenían un brillo extraño.
Y cuando miró hacia donde estábamos escondidos, sonrió.
—Así que tú eres la nueva.
Mi respiración se detuvo.
Porque aquella criatura no estaba mirando a los niños.
Me estaba mirando a mí.
Y entonces dijo algo que hizo que mi sangre se congelara:
—Lucian por fin encontró lo que llevaba tantos años buscando.
PARTE 2
No entendía sus palabras.
No entendía por qué alguien dentro de aquella mansión parecía conocerme.
Pero algo dentro de mí sabía que esa criatura no había llegado por casualidad.
El hombre de ojos extraños avanzó lentamente por la habitación.
Los niños estaban detrás de mí, intentando no hacer ruido.
Yo quería protegerlos.
Aunque en realidad no sabía cómo protegernos a ninguno.
Entonces escuché pasos.
Esta vez eran diferentes.
Firmes.
Rápidos.
Como si alguien hubiera dejado de esconderse.
Lucian apareció en el pasillo.
Pero ya no parecía el mismo hombre tranquilo que me había recibido.
Sus ojos habían cambiado.
Ya no eran grises.
Tenían un brillo dorado imposible.
—Cashin —dijo con una voz que hizo temblar el ambiente.
El extraño sonrió.
—Llegaste rápido.
Lucian se colocó entre nosotros.
—No estás invitado.
Cashin soltó una pequeña risa.
—¿Desde cuándo necesito permiso para entrar en los pasillos de mi propia familia?
Mi mente intentaba entender.
Familia.
Criaturas.
Ojos imposibles.
Todo parecía una locura.
Pero entonces Lucian dejó ver algo que confirmó todos los rumores que había escuchado.
Sus dientes no eran normales.
El miedo dejó de ser una idea.
Se convirtió en realidad.
El hombre al que todos llamaban monstruo existía.
Pero lo más extraño fue que Lucian no parecía una amenaza.
Parecía alguien intentando mantenerme lejos del verdadero peligro.
Cashin miró hacia mí.
—Ella todavía no sabe por qué está aquí.
Lucian se tensó.
—Cállate.
Pero Cashin continuó.
—No la contrataste por sus habilidades como niñera.
Sentí que el corazón se me aceleraba.
—¿Entonces por qué?
Lucian no respondió.
Y ese silencio fue peor que cualquier respuesta.
Cashin sonrió.
—Porque ella es la única persona que puede romper la maldición que lleva sobre esta casa.
Miré a Lucian.
Esperando que negara todo.
No lo hizo.
Entonces entendí que había algo que nunca me habían contado.
Algo relacionado conmigo.
Con mi pasado.
Con mi sangre.
Lucian se acercó lentamente.
—Aera, debes volver con los niños.
—No.
Mi propia voz me sorprendió.
—Quiero saber la verdad.
Por primera vez pareció cansado.
No poderoso.
No aterrador.
Solo cansado.
—No sabes lo que estás preguntando.
—Entonces explícame.
Hubo un largo silencio.
Finalmente miró mi cuello.
La bufanda que siempre usaba.
El lugar que había ocultado durante años.
—Quítate eso.
Sentí miedo.
Pero también curiosidad.
Cuando bajé lentamente la tela, Lucian quedó completamente inmóvil.
Su expresión cambió.
Como si acabara de ver algo que esperaba no volver a encontrar.
—No puede ser.
Toqué la pequeña marca debajo de mi oreja.
Una cicatriz que siempre había tenido.
Una que nunca entendí.
—¿Qué es?
Lucian me miró.
—No es una cicatriz.
Mi respiración se detuvo.
—Es una marca.
—¿De qué?
Su respuesta llegó en voz baja.
—De alguien que te reclamó hace muchos años.
Sentí frío.
—Eso no tiene sentido.
Lucian negó.
—Tu madre intentó esconderte.
La mencionó con una tristeza que no esperaba.
—Ella sabía que si descubrían quién eras, vendrían por ti.
Entonces todo comenzó a encajar.
La razón por la que mi madre nunca hablaba del pasado.
Por qué siempre parecía preocuparse cuando alguien preguntaba por mi infancia.
No estaba ocultando una historia.
Estaba protegiéndome de ella.
Antes de poder preguntar más, todas las luces de la mansión se apagaron.
La oscuridad cubrió el pasillo.
Los niños gritaron.
Y desde el fondo de la casa llegó una voz desconocida.
Una voz tranquila.
Segura.
Como si el dueño de esa voz hubiera esperado años para volver.
—Lucian…
El aire cambió.
Lucian tomó mi mano.
Por primera vez sentí miedo en él.
No por sí mismo.
Por mí.
—No te muevas.
La voz volvió a escucharse.
—Me trajiste a mi novia.
Mi cuerpo quedó completamente inmóvil.
Lucian me sostuvo más fuerte.
Y entendí algo aterrador.
Yo no había llegado a Blackthorne buscando respuestas.
Había llegado porque alguien me había estado esperando.
Y esa persona acababa de regresar para reclamar lo que creía suyo.