7 hnos eligieron a hermanastra;me tiraron al borde del risco;me casé con CEO rico.¡Tarde!
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PARTE 1
—He tomado una decisión. Me casaré con el heredero de la familia Xie.
Cuando pronuncié aquellas palabras, mi padre me observó durante varios segundos, como si quisiera asegurarse de que no estaba actuando por impulso.
—Yunsu, sabes lo que dicen de Xie Jin. Hace años sufrió un accidente. Todos creen que quedó inválido y que jamás podrá llevar una vida normal.
Sonreí con calma.
—En familias como la nuestra, el matrimonio rara vez empieza por amor. Si tengo que elegir a alguien por conveniencia, prefiero al heredero de la familia más poderosa de la capital.
Mi padre suspiró.
Tal vez esperaba que eligiera a uno de los siete muchachos que él había llevado a nuestra casa cuando yo era niña.
Después de que mi madre falleció, aquellos siete huérfanos se convirtieron en mis compañeros, mis protectores y, durante mucho tiempo, en todo mi mundo.
Mi padre los educó como si fueran hijos propios. Los envió a las mejores escuelas y los ayudó a convertirse en hombres brillantes.
Siempre decía que, cuando yo creciera, podía elegir a cualquiera de ellos como esposo.
Y durante muchos años, yo creí que elegiría a Shen Jinian.
Lo quería desde niña.
Pero tres días antes había escuchado algo que destruyó veinte años de ilusiones.
Vi a Jinian arrodillado frente a Xiao Xiao, la hija del chófer.
—Me casaré con Yunsu solo para pagar la deuda que tengo con la familia Gu —le dijo—. Cuando tenga suficiente poder, tú serás la mujer que realmente estará a mi lado.
Y lo peor fue que los otros seis estaban de acuerdo.
Para ellos, casarse conmigo era una obligación.
Xiao Xiao era la mujer que querían proteger.
Aquella noche entendí algo doloroso: veinte años juntos no significaban que me hubieran amado.
Así que dejé de luchar.
Cuando regresé a casa, los encontré rodeando a Xiao Xiao.
Ella fingió tropezar cerca de mí y, antes de que pudiera decir nada, todos se levantaron para defenderla.
—Yunsu, ¿por qué siempre tienes que hacerle daño?
—Pensé que habías cambiado.
—Pídele disculpas.
Antes habría llorado, discutido y suplicado que me creyeran.
Esta vez simplemente dije:
—Lo siento.
Mi tranquilidad pareció desconcertarlos.
Jinian me miró fijamente.
—Dentro de un mes anunciaré nuestro compromiso. Así dejarás de hacer tonterías.
Lo miré y casi me dio risa.
—No voy a casarme contigo.
Todos guardaron silencio.
Xiao Xiao bajó la cabeza para esconder una sonrisa.
—Hermana, no deberías presionar al hermano Jinian…
—No lo estoy presionando —respondí—. Porque ya no lo quiero.
Jinian frunció el ceño.
—Si no me eliges a mí, ¿a quién elegirás?
—Eso ya no es asunto tuyo.
Pensaron que era otro de mis berrinches.
Continuaron cuidando a Xiao Xiao, dándole regalos y culpándome por cualquier cosa que le ocurriera.
Incluso cuando una joya que había pertenecido a mi madre terminó en manos de Xiao Xiao, ellos me obligaron a disculparme con ella.
Ese día, algo dentro de mí terminó de romperse.
Llegó finalmente mi fiesta de cumpleaños.
Todos esperaban que anunciara a cuál de los siete elegiría como esposo.
Jinian estaba tan seguro de sí mismo que incluso dijo delante de todos:
—Yunsu puede estar enfadada, pero al final me elegirá.
Entonces Xiao Xiao volvió a provocar un escándalo.
Los siete se colocaron delante de ella para protegerla.
—Si quieres que dejemos tranquila a Xiao Xiao, elige a uno de nosotros y deja de hacer problemas —dijo uno.
Los invitados comenzaron a murmurar.
Yo los observé uno por uno.
Veinte años de recuerdos pasaron por mi mente.
Finalmente sonreí.
—¿Quién les dijo que quiero casarme con alguno de ustedes?
Jinian palideció.
—¿Qué acabas de decir?
—Que no los quiero.
Los siete me miraron como si estuviera loca.
—Además de nosotros, ¿con quién podrías casarte?
En ese instante, las puertas del salón se abrieron.
Un hombre alto, vestido con un impecable traje negro, caminó hacia nosotros.
No llevaba silla de ruedas.
No necesitaba bastón.
Sus pasos eran firmes.
Todo el salón quedó en silencio.
El desconocido se detuvo a mi lado, rodeó suavemente mi cintura y miró a los siete hombres.
—Si ustedes no quieren casarse con Yunsu… yo sí.
Jinian lo miró fijamente.
—¿Quién demonios eres?
El hombre sonrió.
Y entonces mi padre pronunció un nombre que hizo que todos perdieran el color del rostro.
—Él es Xie Jin… el heredero de la familia Xie.
PARTE 2
Nadie dijo una palabra.
Jinian fue el primero en reaccionar.
—Eso es imposible. Xie Jin está paralizado.
El hombre a mi lado lo miró con una calma casi divertida.
—Eso es lo que necesitaba que el mundo creyera.
La familia Xie tenía demasiados enemigos. Durante años, Xie Jin había ocultado su verdadera condición para protegerse mientras consolidaba su posición dentro del clan.
Los siete comprendieron entonces que aquel hombre al que habían tratado como un impostor era, en realidad, uno de los hombres más poderosos de la capital.
Pero todavía se negaban a aceptar lo evidente.
—Yunsu está haciendo esto porque está enfadada —dijo Jinian—. Cuando se calme, cambiará de opinión.
Lo miré.
—Siempre creíste que podía marcharme, llorar y regresar a ti unas horas después. Pero esta vez no volveré.
Mi padre aprovechó el silencio para hacer otro anuncio.
—Dentro de siete días, mi hija se casará con Xie Jin. Y desde este momento, los siete dejan de tener cualquier relación con la familia Gu.
Aquello sí los sacudió.
Habían crecido en nuestra casa.
Mi padre había pagado sus estudios, financiado sus carreras y abierto puertas que jamás habrían podido abrir solos.
Sin embargo, incluso entonces creyeron que aquello era una estrategia para asustarlos.
Se marcharon con Xiao Xiao.
Estaban convencidos de que yo terminaría buscándolos.
No lo hice.
Poco después descubrieron que las tarjetas que yo les había dado habían sido canceladas.
Sus habitaciones fueron vaciadas.
Ya no podían entrar en nuestra propiedad.
Por primera vez comenzaron a preguntarse cuánto de su vida había sido sostenido silenciosamente por mí.
Descubrieron que durante años yo había dejado de recibir dinero de mi padre para evitar que Xiao Xiao se sintiera inferior.
Que muchas de las comodidades que disfrutaban habían sido pagadas con mi propio trabajo.
Que siempre recordaba sus enfermedades, sus gustos y sus pequeños hábitos.
Jinian incluso descubrió que el medicamento que recibía cada vez que sufría problemas de estómago no aparecía por casualidad.
Yo lo había dejado preparado durante años.
La culpa comenzó a crecer.
Pero la verdadera caída de Xiao Xiao comenzó cuando investigaron el vídeo privado que había aparecido durante mi cumpleaños.
Las pruebas digitales demostraron que ella había organizado la humillación.
Jinian la enfrentó.
—¿Desde cuándo estás incriminando a Yunsu?
Xiao Xiao negó todo.
Entonces empezaron a aparecer más verdades.
Ella había fingido accidentes.
Había manipulado conversaciones.
Había provocado situaciones para que los siete siempre me culparan.
Y cada vez que ellos elegían defenderla, ella lo consideraba una victoria.
Jinian terminó buscando entre mis antiguas pertenencias hasta encontrar mi diario.
Leyó cómo durante años había soportado en silencio que regalaran a Xiao Xiao objetos que tenían un valor sentimental enorme para mí.
Descubrió que aquella pulsera rota que había tratado como una baratija pertenecía a mi madre.
Y luego encontró una verdad mucho peor.
Años atrás, durante un incendio, Jinian había creído que Xiao Xiao le había salvado la vida.
No fue ella.
Fui yo.
Había resultado herida al sacarlo del fuego y tardé semanas en recuperarme.
Mientras tanto, Xiao Xiao les hizo creer que yo estaba tranquilamente de viaje.
Jinian finalmente comprendió que había convertido a la mujer que lo salvó en su enemiga y había tratado como salvadora a quien había utilizado aquella mentira para separarnos.
Para entonces, sin embargo, ya era demasiado tarde.
El día de mi boda, los siete llegaron llevando regalos, flores y anillos.
Todavía creían que podían detenerla.
Cuando entraron, Xie Jin acababa de besarme frente a todos los invitados.
Jinian quedó inmóvil.
—Yunsu… ¿qué estás haciendo?
Lo miré sorprendida.
—La pregunta es qué hacen ustedes en mi boda.
—¿No ibas a casarte con uno de nosotros?
Casi no pude creerlo.
—En mi cumpleaños se marcharon antes del anuncio. Xie Jin fue el hombre que elegí públicamente.
—¡No estoy de acuerdo!
Xie Jin sonrió.
—Por suerte, tu opinión no es necesaria.
Los siete empezaron a pedirme otra oportunidad.
Uno aseguró haberme amado durante veinte años.
Otro prometió que nunca volvería a mirar a Xiao Xiao.
Jinian incluso sacó un anillo que había preparado para mí.
Pero cuando intentó colocarlo en mi dedo, ni siquiera encajaba.
Lo observé durante unos segundos.
Aquello resumía perfectamente nuestra relación.
Veinte años juntos y ni siquiera conocía la medida de mi dedo.
—El tiempo no demuestra el amor —dije—. Estuvieron conmigo veinte años y nunca me entendieron.
Jinian bajó la mirada.
—Fuimos engañados por Xiao Xiao.
Negué lentamente.
—No.
Todos me miraron.
—Ella mintió, sí. Pero ustedes eligieron creerle. Cada vez que había que decidir entre confiar en mí o humillarme, ustedes tomaban la decisión. No pueden poner toda la culpa sobre otra persona.
Recordé cada promesa rota.
Cada vez que me habían obligado a pedir disculpas.
Cada regalo de mi madre que habían despreciado.
Cada ocasión en que me hicieron sentir que yo era la intrusa dentro de mi propia casa.
—Los que destruyeron mi confianza fueron ustedes. Los que me hicieron daño fueron ustedes.
Jinian comenzó a llorar.
—Dame una oportunidad.
—Ya te di demasiadas.
Xie Jin tomó mi mano.
Los siete miraron nuestros dedos entrelazados y finalmente entendieron que no era una actuación.
Entonces Xie Jin reveló algo que yo tampoco conocía por completo.
Nos habíamos encontrado cuando éramos niños.
Durante un viaje a la capital, vi a un niño hambriento en la calle y compartí mi comida con él.
Aquel niño era Xie Jin.
Su familia atravesaba entonces una peligrosa lucha interna y él había terminado separado de quienes lo protegían.
Nunca me olvidó.
Durante años me buscó.
Cuando finalmente me encontró, supo que yo estaba enamorada de Jinian.
Así que se mantuvo lejos.
—Esperé porque quería que fueras feliz —me dijo—. No quería conseguirte destruyendo lo que tú amabas.
Lo miré sin poder responder.
Había pasado años persiguiendo a hombres que me hacían sentir insuficiente, mientras otro hombre había esperado sin exigirme nada.
Jinian escuchó aquello con el rostro destrozado.
—Yunsu… ¿alguna vez me amaste?
Lo miré por última vez.
—Sí. Hubo una época en la que eras todo mi mundo.
Sus ojos se llenaron de esperanza.
Pero terminé la frase.
—Precisamente por eso lograste hacerme tanto daño.
Mi padre ordenó que abandonaran la ceremonia.
Los siete salieron finalmente de nuestra vida.
Jinian tuvo más dificultades que los demás para aceptar el final. Intentó verme una última vez y admitió que había despertado demasiado tarde. No podía cambiar lo ocurrido, ni borrar las heridas que había provocado.
Yo tampoco quería vivir odiándolo.
Simplemente ya no quería volver atrás.
—Terminemos aquí —le dije—. Alguna vez nos quisimos. Conservemos al menos la dignidad de despedirnos.
Después de aquello, cada uno tomó su camino.
Xie Jin cumplió exactamente lo que había prometido.
Nunca intentó controlarme.
Nunca me obligó a demostrarle amor.
Nunca me hizo competir por su atención.
Con él entendí algo que había tardado demasiado en aprender:
cuando alguien te quiere de verdad, no tienes que pasar cada día preguntándote si eres suficiente.
Tiempo después, mientras sostenía la mano de Xie Jin y esperaba a nuestro primer hijo, pensé en la chica que había sido.
Aquella Yunsu había pasado años intentando convencer a siete hombres de que merecía ser querida.
Si pudiera hablar con ella, solo le diría una cosa:
“No corras detrás de quien necesita perderte para descubrir tu valor.”
Porque algunas personas solo comprenden lo que tenían cuando ya pertenece al pasado.
Y para entonces, por mucho que se arrepientan, ya no existe ningún camino de regreso.